• Crecer para adentro en vacaciones

1/08: Jesús, ¿a qué hora quedamos?

Es curioso cómo en verano todo da mucha más pereza. ¿A que sí? A veces, hasta quedar con los amigos resulta agotador. ¡Y siempre hay amigos que llegan tarde en agosto! Quizá es por el calor, ¿quién sabe? En cambio, los buenos amigos, al final, siempre se esfuerzan por cumplir y llegar a tiempo. Pues los buenos amigos de Jesús también son así y por eso logran #crecerxaadentro.


Aprender de Jesús para #HablarConDios


Seguro que habrás notado en el Evangelio que Jesús era muy amigo de sus amigos. Con los doce Apóstoles se llevaba súper bien: los llevaba de un sitio a otro, les explicaba las cosas a solas para que las entendieran bien, les hacía favores (¡a san Pedro le pagó los impuestos!)… Y tenía muchos más amigos: acuérdate de cómo se quedaba en Betania en casa de Marta, María y Lázaro para comer y descansar con ellos. O de aquella ocasión en que va a casa de Zaqueo para celebrar con él y sus colegas la conversión de su corazón. Era así como los iba tratando y los iba preparando para llevarlos al Cielo, para que descubrieran cómo, al estar unidos a Jesús, eran felices de verdad. Pero los amigos de Jesús también le fallaban… Y, algunas veces, Jesús necesitaba realmente de ellos, pero lo dejaron colgado. Es más, en el momento más duro de su vida, los apóstoles, le fallaron. Cuando le pidió a Pedro, Santiago y Juan en el Huerto de los Olivos que se quedaran orando con Él ¡los tres se durmieron! Jesús agonizaba y sus amigos no rezaban, porque el cansancio pudo con ellos… Ahora, en verano, no queremos dejar tirado a Jesús. Precisamente por eso te puede venir muy bien este consejo de san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría para #HablarConDios


Meditación. —Tiempo fijo y a hora fija. — Si no, se adaptará a la comodidad nuestra: esto es falta de mortificación. Y la oración sin mortificación es poco eficaz.

Surco, n. 446


Un reto para #HablarConDios


¿Sabes por qué es tan importante hacer, aunque sea, un ratito oración todos los días? Pues porque a Jesús le importas tú. Le importa lo que tú tengas que contarle, le importa que pases un rato con Él, le importa las cosas que a ti te importan. En definitiva, le importa ser importante en tu vida. Eso es lo que hacen los amigos. Y por eso los amigos se tratan tan a menudo, y se tienen confianza, y se dicen las cosas, y… ¡Y se levantan del sofá cuando saben que su amiga o su amigo les está esperando en la parada del autobús! Sí, aunque haga calor y el sofá esté mucho más cómodo. ¿Quieres #crecerxaadentro? Pues haz con Jesús como con tus amigos —más aún si cabe— y asegúrate de que cada día le dedicarás un rato, que sabrás levantarte del sofá, que dejarás la Play, que recogerás la toalla y te irás a un lugar donde puedas hablar a gusto con Él. Por eso, el propósito de hoy es que elijas un horario claro (tiempo y momento) en el que vayas a hacer tu rato de oración, tu rato de diálogo con Jesús, tu tiempo de #HablarConDios. Aunque a veces cueste vencer la pereza, o incluso te acabes quedando dormida o dormido por el cansancio (como los Apóstoles en el Getsemaní o como le pasó en una ocasión al beato Álvaro muy simpática que podrás leer en la lectura), si cumples con el reto de hoy, verás qué eficacia la de tu oración: porque no dejarás de acompañar a Jesús. Y eso es lo que hacen los verdaderos amigos.

Evangelio según san Mateo 14, 1-12

Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»

El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Para la lectura


El Beato Álvaro del Portillo tuvo que pasarse varios meses de arriba para abajo para sacar adelante la incipiente labor de la Obra. Recorría muchas ciudades de España para cumplir con los encargos que le había encomendado san Josemaría. Y a veces llegaba rendido a la oración, pero no por eso dejaba de hacerla. Como en esa ocasión en la que acudió agotado a una meditación que predicaba el Fundador del Opus Dei.


Muerto de sueño…, pero rezando

Álvaro del Portillo no dejaba pasar ninguna oportunidad de estar junto a san Josemaría para mantener la debida continuidad en su formación espiritual, aunque eso le supusiera embarcarse en viajes, no precisamente cómodos. Concretamente, en la segunda semana de junio obtuvo un permiso militar y se trasladó a Burjasot (Valencia), donde el Fundador estaba predicando un curso de retiro para estudiantes universitarios.


Lo rememoraba años después: «Pude conseguir un permiso y marché a Valencia, donde estaba nuestro Padre. No había facilidades de comunicación; estaban los puentes destrozados por la guerra; lo mismo los ferrocarriles. Para ir desde donde estaba yo —en Olot, provincia de Gerona— a Valencia, empleé cuarenta y ocho horas. Utilicé el método del auto-stop: conseguía que se parase un camión que me llevaba hasta un sitio donde la carretera se interrumpía; después, seguía andando hasta llegar de nuevo a otra carretera y allí cogía otro medio de locomoción... Total que tardé cuarenta y ocho horas, en las cuales no dormí. Llegué muy cansado, y el Padre al verme me dijo: tú, lo que has de hacer es acostarte. Yo le dije: Padre, si está usted predicando un curso de retiro; déjeme asistir porque desde hace muchos meses no lo hago. El Padre me contestó: bueno, haz lo que quieras. Y entré en una meditación. Yo iba aún vestido con uniforme militar. En cuanto apagaron la luz y empezó nuestro Padre a hablar, comencé a roncar de una manera tremenda con gran indignación de todos los que escuchaban a nuestro Fundador, que decían: ¿quién será este militar que viene a molestarnos? Mis ronquidos no molestaban a nuestro Padre».


Mons. Echevarría completa el episodio señalando que «san Josemaría recordaba siempre aquel suceso, sin omitir la insistencia de Álvaro para asistir a la meditación. Añadía con gracia que, mientras los demás se sorprendían por el sueño manifiesto de Álvaro, de su alma y corazón de padre y de madre salía un gran agradecimiento a Dios por la rectitud de aquel hombre que deseaba formarse más; y añadía que no dudaba de que esa media hora de sueño de Álvaro en el oratorio había subido al cielo como oración».


Del libro “Un hombre fiel” de Javier Medina Bayo.

Para otro rato de oración te puede servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):


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