• Crecer para adentro en vacaciones

11/08: Protege tu corazón

¿Te has preguntado alguna vez por qué cuando nos referimos al amor o a amar a alguien lo reflejamos pintando un corazón? Con ese corazón no nos referimos al órgano que se encarga de bombear la sangre al resto del cuerpo, sino a nuestro ser más íntimo. Por eso es necesario custodiar el corazón: para #AmarDeCorazón hay que protegerlo de lo que le dificulte amar.


Aprender de Jesús para #AmarDeCorazón


Imagina que tienes algo de mucho valor, un collar de piedras preciosas, o un gran coche: ¡un Ferrari! ¿Dejarías olvidado ese collar tan valioso en cualquier lugar, o lo cuidarías? Si tuvieras un Ferrari ¿lo dejarías aparcado por la noche en la calle? Seguramente no. Y, además, lo tendrías asegurado a todo riesgo… porque es algo muy valioso. Pues algo parecido ocurre con nuestro corazón, que hemos de protegerlo porque es lo más valioso que tenemos.


En los evangelios se narra un episodio en el que Jesús va a orar al Templo de Jerusalén. Cuando llega allí, al lugar donde adoraban a Dios, se lo encuentra hecho un desastre. En el Templo, en el lugar más sagrado para los judíos, Jesús se encuentra con vendedores de animales y gente que cambia dinero. Y aquel lugar, sagrado, se ha convertido en otra cosa. Imagínate la escena: gritos de vendedores, gritos de los cambistas, animales moviéndose de un sitio a otro, excrementos por el suelo, ruido…Y el Señor, no lo puedes permitir, y haciendo con unas cuerdas un látigo los expulsa del Templo, vuelca las mesas y dice “Mi casa es una casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones”. Lo más valioso que tenían convertido en una cueva de ladrones: qué pena, ¿no? ¿Cómo hacer que en tu corazón esté siempre el amor a Dios y a los demás y no se convierta en otra cueva de ladrones? Quizá estás palabras que repetía san Josemaría te puedan ayudar a #AmarDeCorazón:


Un consejo de san Josemaría para #AmarDeCorazón


“Aparta, Señor, de mí lo que me aparte de ti”.

Jaculatoria que san Josemaría repetía con frecuencia.


El reto de hoy para #AmarDeCorazón


Siempre hay ladrones que se intentan meter en el corazón y que nos dificultan amar. Tú, ¿proteges tu corazón? ¿Custodias ese tesoro en el que habita el Espíritu Santo, el Amor de Dios? Piensa ahora en la presencia de Dios si también en tu corazón se han colado algunos ladrones del amor: puede ser a través de tus seguidos en las redes sociales: instagram, twitter…: de las pelis, series o videoclips que ves, o de la música que escuchas; de las horas muertas que pasas con el móvil navegando sin rumbo; de los chats con amigas y amigos… Al #crecerxaadentro te darás cuenta de que ser feliz no consiste en una vida cómoda, sino en tener un corazón enamorado: ¿de verdad lo custodias como un bien de mucho valor o abres la puerta, aunque sea un poco, a ladrones que te roban tu capacidad de amar? A lo mejor, tendrás que tomar decisiones drásticas para proteger tu corazón (como Jesús en el Templo, como la lectura que te proponemos para luego). El reto de hoy para #AmarDeCorazón es apartar de ti lo que te aparte del Señor: piensa qué cosas te ensucian con más frecuencia el corazón y decídete a cortar… y corta. Impide que te roben tu capacidad de amar y de ser amados.

Evangelio según san Mateo (18, 1-5.10. 12-14)

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños

En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:


- ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos?  


Entonces, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo:


- En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos.  Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos.


¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar la que se ha perdido? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

Para la lectura


Durante la Guerra Civil española San Josemaría tuvo que huir, porque su vida estaba en peligro a causa de la persecución religiosa que se había desatado. José María González Barredo (uno de los primeros del Opus Dei) le encuentra un refugio donde puede estar seguro… pero algo pasa, porque San Josemaría rechaza ese refugio.

"Le abrí mi alma como nunca había hecho antes"

Efectivamente, se vio con José María González Barredo en el lugar convenido del paseo de la Castellana. Gozoso de haber hallado solución al apuro, extrajo Barredo del bolsillo de su chaleco una pequeña llave y se la entregó a don Josemaría. La casa en cuestión pertenecía a unos amigos que se encontraban fuera de Madrid. El portero, además, era persona de confianza. Todo estaba resuelto. ¿Es que había reparos que poner?


El Padre le escuchaba atentamente, como haciéndose cargo de la situación:


— Pero, solo y en casa ajena, ¿qué voy a decir si se presenta una visita o llaman por teléfono?


— No se preocupe. Hay allí una sirvienta, una mujer que es también de toda confianza, y que podrá atenderle en lo que necesite.


— Y, ¿qué edad tiene esa mujer?


— Pues, veintidós o veintitrés años. Entonces sacó la llave, que ya se había metido en el bolsillo, y le hizo esta consideración:


— Hijo mío, ¿no te das cuenta de que soy sacerdote y de que, con la guerra y la persecución, está todo el mundo con los nervios rotos? No puedo ni quiero quedarme encerrado con una mujer joven, día y noche. Tengo un compromiso con Dios, que está por encima de todo. Preferiría morir antes que ofender a Dios, antes que faltar a este compromiso de Amor.


Después, por vía de ilustración, para que se hiciese cargo, le insistía:


— ¿Ves esta llave que me has dado? Pues va a ir a parar a aquella alcantarilla.


Dicho y hecho. Se acercó al agujero y la tiró


Del libro El fundador del Opus Dei, de Andrés Vázquez de Prada,

Para otro rato de oración te puede servir (toca la imagen para ir al canal de YouTube):


Apúntate para que te mantengamos al día

© 2020 por Crecer para adentro