• Crecer para adentro en vacaciones

15/08: Amar a nuestra Madre del Cielo

Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al Cielo. Una vida en la tierra siempre junto a Jesús, también ahora en el Cielo. Y en el Cielo nos espera y al Cielo nos ayuda a llegar... haciendo que vivamos también junto a Jesús ahora en la tierra. Si siempre es bueno #InspirarseEnLosSantos, ¿cómo no inspirarnos en Ella?


Aprender de Jesús e #InspirarseEnLosSantos


El motor de la vida de María fue el amor a Dios. María diría en su cántico: “el poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Hoy podemos pensar cual está siendo el motor de mi vida, de qué estoy inspirando mi vida: ¿del amor propio o del amor a Dios y a los demás? ¿Persigo la gloria humana o busco la Gloria Divina, como María? Jesús y María hacían todo para la Gloria de Dios y para nuestro bien. “Hágase en mí según tu palabra”, “no he venido a ser servido sino a servir”, “el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”, “mi alimento es hacer la voluntad de Dios Padre”. Afirmaban con palabras y continuamente con el ejemplo que el motor de sus vidas era la Gloria de Dios y, por tanto, también el bien de los hijos de Dios. Ojalá, al #crecerxaadentro, los que te rodean experimenten el amor que Dios les tiene a través de ti. ¿Qué motor mueve mi vida y mis decisiones pequeñas o grandes?, ¿el amor propio o el amor a Dios, el egoísmo o la generosidad? ¿Dejo actuar a Dios en mi alma? Este consejo de San Josemaría te puede ayudar a inspirarte en la actitud constante de la Virgen, que consideraba toda su vida a la luz de Dios:


Un consejo de san Josemaría de #InspirarseEnLosSantos

No tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios.

Camino, n. 226.


Un reto de #InspirarseEnLosSantos


Piensa un momento si las decisiones que tomas las consideras delante de Dios. Así te podrás dar cuenta de si el motor que te lleva a discernir es el beneficio personal, o es el bien de los demás. Pregúntale a la Virgen María si aquello te ayudará a unirte más a Dios o no; si esa decisión o actitud beneficiará a tus amigos o amigas a ser mejores. Si nuestras decisiones se parecen a las que Dios tomaría en nuestro lugar podremos cantar como la Virgen: “El poderoso ha hecho obras grandes por mí”. Porque a través de ti Dios irá haciendo esas cosas grandes de verdad: acercar a tu familia, amigas y amigos a Dios, ayudarles en las necesidades que pasen, ofrecer consuelo a los que sufren, llevar alegría a los pobres... mejorar el mundo en el que te toca vivir. El reto de hoy es considerar lo que vayas a hacer delante de Dios, para dejar que Dios haga obras grandes por ti.

Evangelio según san Lucas (1, 39-56)

Proclama mi alma la grandeza del Señor

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.


Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».


María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».


María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Para la lectura


En este fragmento de lectura se recogen algunos recuerdos que muestran ese itinerario de escoger siempre las preferencias de Dios en su corazón.

Lo que Tú quieras, como Tú quieras, cuando Tú quieras

En 1954 decía: cuando se ama de verdad, se da con alegría, sin llevar la cuenta y sin buscar agradecimiento: ¡es suficiente, entonces, para el alma, la oportunidad de gastarse gustosamente! No se piensa si ya se ha hecho mucho, o si cuesta: en el trato con Dios no se repara en los obstáculos porque, como en el amor humano, no hay dificultades ni defectos que impidan la conversación con la persona amada.


Recurría también con frecuencia a un dicho de la tierra española: "amor con amor se paga". Lo aplicaba a ese saber estar disponibles para Dios en todo momento, sin condiciones de ningún género. En 1966, le oí comentar: si en alguna cosa puedo decir algo con verdad de mí mismo, es que nunca he hecho mi voluntad: lo que me hubiera gustado hacer. Desde luego, si hubiese dependido de mí, a estas horas sería un abogado, un historiador, etc.; pero no sacerdote del Opus Dei. Y, sin embargo, soy más feliz que nadie sólo con haber cumplido la Voluntad de Dios, porque me da la gana, respondiendo a su amor. Igualmente, para insistir en que este amor abraza toda nuestra existencia, nos encarecía el 29 de noviembre de 1972: en el Opus Dei hay que entregar la vida, la sangre, el alma: ¡todo para Dios! Su llamada no se paga en dinero: se paga con la vida entera.


Se esforzó siempre en querer al Señor más y más, sin pensar en lo que le había dado. Sacaba consecuencias de la vida corriente: del cariño de los padres a los hijos, que les lleva a no contabilizar sus sacrificios ni su generosidad; de la pasión de los enamorados, que aceptan dificultades sin cuento, con tal de estar juntos. Concluía en la necesidad de corresponder, pues hemos sido escogidos por Dios, para honrarle y darle toda la gloria. En 1968, nos hacía reflexionar sobre esta verdad: no podemos sentir -no es tolerable en un alma escogida por Dios- el peso de lo que hemos dejado. Nuestra llamada, nuestra vocación, es una delicadeza del Señor con cada uno de nosotros. Por eso, yo no me siento atado: tengo la libertad plena, total, del Amor de Dios.


Actualizaba esa entrega día a día, invocando al Espíritu Santo, con palabras incisivas: lo que Tú quieras, como Tú quieras, cuando Tú quieras. Para insistirnos en la tranquilidad y la paz sobrenatural que provienen de ese ofrecimiento, no tenía inconveniente en repetir que nunca se había arrepentido de haber dado su yo al Señor; en cambio, añadía, me he arrepentido y me he encontrado a disgusto cuando no lo he hecho, y entonces he procurado pedir perdón para reparar, porque deseo que el Señor disponga enteramente de mí.


Del libro Entrevista sobre el fundador del Opus Dei

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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