• Crecer para adentro en vacaciones

19/08: ¿Oración? No es cuestión de sentir, sino de amar

A todos nos ha pasado alguna vez (quizá piensas que demasiadas veces) que al ponerte a #HablarConDios en tu oración acabas por no sentir nada, no oír nada, no ver nada. Y, entonces puede surgir la pregunta ¿qué estoy haciendo?


Aprender de Jesús a #HablarConDios


¿Te ha pasado alguna vez que te pones a hacer la oración y… no pasa nada? Pero nada de nada. “No pienso nada, no siento nada, no digo nada…” Si eres de los que procura rezar todos los días, seguro entiendes de qué estamos hablando. Si a esto le sumas que ahora estamos en mitad de agosto, que es tremendamente fácil perder el tiempo y que es aún más fácil que te vengan las excusas, pues claro, así ¿quién va a #HablarConDios en verano? Quizá lo que no sabías es que a muchísimos santos les ha pasado esto (en la lectura de hoy puedes leer un buen ejemplo). Se ponían a rezar y… no sentían nada. Nada de grandes ideas, ni de afectos encendidos, ni de propósitos claros. Son esos momentos en los que no hay “cuchi cuchi” en la oración. Y si ya de por sí cuesta hacer la oración en verano, pues se entiende que apetezca todavía menos hacerla en estas condiciones: “Total, para no sentir nada, para qué ponerse, ¿verdad?” ¡Pues no! Mira, cada vez que te dispones y te pones a hacer la oración, aunque te parezca que no te late el corazón al hacerlo, estás haciendo lo más grande que Jesús espera de ti. Le estas diciendo “aquí estoy yo, aunque no siento nada, porque te amo”. Y eso ya dice mucho de ti, aunque no haya sentimientos. Así lo explica san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría para #HablarConDios

Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que dejes la oración: "me falta tiempo" —cuando lo estás perdiendo continuamente—; "esto no es para mí", "yo tengo el corazón seco"... La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada.

Surco, n. 464


Un reto para #HablarConDios


Seguro conoces aquel refrán: “una imagen vale más que mil palabras”. Podríamos inventarnos otro: “un gesto de amor vale más que diez mil palabras”. Porque es así. Las cosas que hacemos hablan mucho de nosotros, de quiénes somos y cómo actuamos. Por eso, tu oración vale mucho cuando te parece que “no vale para nada”, pero estás allí, haciéndola, cuidando a Jesús aunque sea con el corazón un poco seco. Es verdad que siempre se agradece cuando uno sale de hacer la oración removido. O cuando tienes esa idea genial, que te das cuenta que te la inspira el Espíritu Santo. O cuando sales reconfortada o reconfortado, porque tenías una pequeña pena o un “no sé qué” en el alma y estar junto a Jesús te lo ha quitado. Pero cuando eso no llega al #HablarConDios, tienes que saber que mucho más importante es que, a pesar de tu sequedad, estás ahí, fiel a Jesús, intentando hacer tu oración. Ahora mismo, mientras lees estas líneas, ya le estás diciendo al Señor que sí, que estás aquí por Él, aunque ahora mismo estás completamente seca o seco de ideas, de afectos, de propósitos. Y piensa que cada de vez que cumples con el propósito de ir a #HablarConDios a Jesús le alegras el corazón. No dejes tu oración, porque eso sí es amar (más allá de los sentimientos) y ya sabrá el Señor reconfortarte cuando de verdad lo necesites.

Evangelio según san Mateo (20, 1-16)

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña."


Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.


Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

Para la lectura


A inicios de 1938, después de haber huido de la persecución religiosa, san Josemaría cayó gravemente enfermo, sin que se acabase de saber nunca el motivo por el cual le sangraban la boca y los pulmones. Sus hijos en la Obra se esforzaron por atenderle. Y sus amigos sacerdotes pasaban a visitarlo. El Señor le estaba haciendo pasar por una prueba dura, no tanto para su salud, sino que sobre todo para su vida espiritual: porque lo que más le costaba a san Josemaría era lo difícil que se le hacía rezar.

Creo que no hago oración... pero sé que amo a Dios

Hoy [21 de marzo de 1938] ha venido D. Antonio Rodilla. ¡Qué buen amigo es! Le he dado cuenta de mi alma: desnudez de virtudes, un montón de miserias: no hago oración vocal, apenas: creo que no la hago mental: desorden. No sufro la oración vocal: hasta me duele la cabeza de oír rezar en voz alta. Desorden. Pero sé que amo a Dios. Sí: y que me ama. Soy desgraciado, porque soy pecador y desordenado y no tengo vida interior. Querría llorar, y no puedo. ¡Yo, que he llorado tanto! Y, a la vez, soy muy feliz: no me cambiaría por nadie. —Le conté esto y otras cosas a D. Antonio. ¡Ese cuarto de hora eterno de acción de gracias, mirando continuamente al reloj, para que se acabe! ¡Qué pena! Y, sin embargo, quiero a Jesús sobre todas las cosas. —Después dije a D. Antonio que me parecía que le engañaba y que me movía a hablar la soberbia. Me consoló y dijo que voy bien.


¿Hasta qué punto se daba cuenta el Fundador de que estaba siendo sometido a durísima prueba? Cabe afirmar, al menos, que aquella enfermedad que le llenaba la boca de sangre era un mal doloroso y extraño. (Nunca se supo con certeza si de garganta o pulmón, pues la enfermedad era de una etiología rara y evasiva). Don Josemaría la había recibido pacientemente, con el angustiado temor de no poder continuar al lado de sus hijos, caso de tratarse de tuberculosis contagiosa. Por consejo médico comenzaron a ponerle inyecciones para el pulmón, pero el sacerdote pensaba que, si estaba realmente tísico, el Señor le curaría para seguir trabajando. Haz el favor de no hablar de mi enfermedad, que ya no existe, escribía muy de veras a Ricardo.

Nada de particular había hallado el especialista en los pulmones; pero ya por entonces se había percatado don Josemaría de que aquella singular enfermedad había jugado el papel de preludio para dar entrada al recrudecimiento de sus purificaciones pasivas.


En efecto, con los síntomas de la enfermedad coinciden, en cuanto a las fechas, las dos catalinas —de marzo de 1938— en que el sacerdote, a corazón abierto, manifiesta su estado interior. Y, ¿por qué misteriosa causa aparecen, de repente, estas aisladas y formidables catalinas en la vasta soledad de las fechas de sus Apuntes íntimos? ¿Era consciente don Josemaría de que se hallaba en medio de un proceso de mística purificación?


Acerca de dicha cuestión existe un dato, mínimo ciertamente, pero que constituye un indicio revelador, que nos pone sobre una pista recta. Y el dato es éste: ¿no es extraño que después de un prolongado mes sin anotaciones nos demos, de buenas a primeras, con una inquietante confesión?: Me veo como un pobrecito, a quien su amo ha quitado la librea, leemos. Poética imagen, a la vez espontánea y meditada, con la que rompe el silencio. Imagen inspirada quizá en San Juan de la Cruz, como se verá por lo que sigue.


Muy a propósito para despachar de un plumazo, como es estilo del Fundador, el estado de su alma. Pues bien, el místico castellano nos desentraña su sentido al declarar la Canción del Alma, que de noche va en busca del Amado: «A oscuras y segura / por la secreta escala, disfrazada». Disfrazarse el alma —aclara el místico poeta— es tomar traje o figura que «más al vivo represente las aficiones de su espíritu», para ganar la voluntad del Amado. «Y así, la librea que lleva es de tres colores principales, que son: blanco, verde y colorado: por los cuales son denotadas las tres virtudes teologales, que son: fe, esperanza y caridad». Con este disfraz sale el alma, de sí misma y de todas las cosas, estando ya su casa sosegada, a vivir vida de amor de Dios.


La confesión hecha en sus Apuntes íntimos, y reforzada con la imagen del despojo de la librea, describe una experiencia mística. El autor se introduce, sin más preámbulos, en sus propias vivencias, dando noticia de la secreta operación de desasosiego que causa en su alma el Amado. No a título de mera ilustración —que no es tal el propósito de las anotaciones íntimas del Fundador, como va dicho y repetido—, sino que acaso le moviera Dios a dejarnos constancia de ello para nuestro provecho espiritual. Porque en estos asuntos íntimos, como bien comprobado está, el Fundador era parco de palabra y largo en el silencio.


Y en este punto resulta conveniente, antes de ir adelante, echar un vistazo atrás, a las pruebas sin cuento que hubo de pasar don Josemaría, desde 1931 hasta 1936. Después que el águila divina —nos dice— le había arrebatado entre sus garras, como a pajarillo de corto vuelo, remontándole a las alturas, para iniciarle luego, de golpe, en el vuelo soberano del espíritu.


Fragmento de “El Fundador del Opus Dei. Dios y Audacia” de Andrés Vázquez de Prada.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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