• Crecer para adentro en vacaciones

2/09: Saber vivir a tope y gozar de lo lindo

¿Sabes que Jesús es Dios… y también es hombre? Hombre de carne y hueso, como tú y como yo. ¿Y sabías que en el Antiguo Testamento se dice que Dios disfruta con los hombres y juega con ellos por toda la faz de la tierra? Por eso Jesucristo, Dios y hombre, disfrutó tanto… Aprendamos de Él a #VivirConAlegría, disfrutando de la belleza que encontramos a nuestro alrededor.


Aprender de Jesús #VivirConAlegría


En este verano habrás tenido tiempo de hacer muchas cosas con ganas de aprovecharlo a tope. Jesús también vivió a tope y por eso lo vemos en el evangelio compartiendo con nosotros sus gustos y sus aficiones, se cansa y tiene sed, se alegra con las buenas noticias y llora cuando ve sufrir a otra persona (por ejemplo, el evangelio de hoy, donde ve a la suegra de Pedro enferma, y cómo Jesús va, se enternece y la cura); Disfruta entregándose a la gente, yendo de aquí para allá, con los milagros… ¡vive a tope por los demás! A veces no puede más y se queda solo descansando junto a un pozo mientras pide a los discípulos ir a por comida o llega a estar tan agotado que se queda dormido en la barca –imagínate, para dormir encima de unas cuerdas en un barco durante una tormenta…– hasta que calma el mar por el miedo que tenían los apóstoles.

Y Jesús también sabe gozar a tope con las cosas buenas y bellas de la vida: podemos verlo disfrutar en las bodas de Caná; o rodeado de sus apóstoles preparando y saboreando una buena comida; escuchando con atención una canción o cómo bailan unos niños; escuchando las historias que le cuentan; admirando un paisaje al alba y al atardecer; o paseando en barca por el mar de Galilea… ¿Qué crees que pensaría Jesús al ver y disfrutar de tantas cosas buenas que tiene la vida? ¿No pensaría en lo bueno que es Dios y lo buena que es la gente? San Josemaría te puede ayudar a comprender cómo es la alegría de un cristiano:


Un consejo de san Josemaría #VivirConAlegría

La alegría de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, ha de ser desbordante: serena, contagiosa, con gancho...; en pocas palabras, ha de ser tan sobrenatural, tan pegadiza y tan natural, que arrastre a otros por los caminos cristianos.

Surco, 60


El reto de hoy #VivirConAlegría


Jesús es Dios… y también es hombre, como tú y como yo. Miremos a Jesús otra vez para aprender de Él a ver el mundo que nos rodea descubriendo toda su belleza y todo lo bueno que tiene. Para eso, como Jesús, hay que aprender a mirar: contemplar lo que existe y lo que está pasando a nuestro alrededor y pensar en los autores de todo eso y en lo que nos quieren transmitir: así, al #crecerxaadentro, verás más allá y en todo podrás ver también a Dios y a otras personas que hacen “eso” posible, y tu alegría será mayor, ¡desbordante! y querrás compartirla con los demás. Este es el reto para #VivirConAlegría: esforzarte por mirar un poco más allá para conseguir ver a las personas -y a Dios- que están detrás de las cosas bellas que ves o que te suceden. Y, si puedes, dales las gracias. Y comparte: como dice el dicho, una alegría compartida es dos veces alegría. Como Jesús, gozarás a tope y querrás vivir a tope para hacer felices a los demás.

Evangelio según san Lucas (4, 38,44)

También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.


Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salían demonios, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.


Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Para la lectura


San Josemaría tenía una alegría contagiosa. Aunque en su vida no faltaron las dificultades, sabía disfrutar de las cosas simples de la vida. Su receta: dirigir todo a Dios, e intentar descubrir siempre a Dios en todo. Aprovechaba, por ejemplo, las canciones populares, dirigiendo esas palabras al Señor, como muestra este testimonio del beato Álvaro:

Una foto con cara de enfado

Para comprender el carácter de san Josemaría es preciso tener presente una cualidad fundamental, que penetra todas las demás: la entrega a Dios y a las almas por Él; la disponibilidad para corresponder generosamente a la Voluntad del Señor. Este fue el norte de toda su vida. Como hombre enamorado, había descubierto el secreto que describió en el punto 1006 de Forja: Veo con meridiana claridad la fórmula, el secreto de la felicidad terrena y eternal: no conformarse solamente con la Voluntad de Dios, sino adherirse, identificarse, querer –en una palabra–, con un acto positivo de nuestra voluntad, la Voluntad divina. Éste es el secreto infalible –insisto– del gozo y de la paz.


Su entrega no era fría, “oficial”. Brotaba del amor y por eso se traducía en muestras sinceras de cariño y comprensión: tenía un corazón grande y noble. Estaba abierto a todos. 


Amaba el mundo apasionadamente, porque había sido creado por Dios. Le atraían todas las realidades humanas. Leía los periódicos, veía el telediario, le gustaban las canciones de amor, rezaba por los astronautas que iban a alcanzar la Luna... Era muy afable, sabía dar confianza y acoger a los demás.


Pregunta: A propósito de canciones: al Fundador le gustaba oír cantar, y refiriéndose a los viajes apostólicos realizados para preparar la «prehistoria» del Opus Dei en distintos países, afirmaba que había sembrado Europa de Avemarías y canciones...


Sí, cantaba muy a menudo, con aquella voz suya de barítono, tan afinada y agradable. No era un hombre hosco, distanciado; al contrario, rebosaba humanidad, cordialidad, alegría. Nos enseñó que una sonrisa es, muchas veces, la mejor mortificación, porque nuestras mortificaciones nunca deben molestar a los que están a nuestro alrededor. Y fue por delante cumpliendo fielmente esta enseñanza. Su vida de oración y de penitencia, lejos de entristecer a los demás, infundía un auténtico gozo sobrenatural y humano a los que estaban a su lado.


Pregunta: Volvamos al temperamento del Padre...


Puedo asegurar que su vida fue paradigma de hombre que sabe querer con todo el corazón y que desea servir a los demás y hacerles felices.


Estaba dotado de una inteligencia rápida y aguda, complementada por una cultura nada común y abierta a todas las ramas del saber, una destacada mentalidad jurídica y un notabilísimo gusto estético. Su personalidad humana era vigorosa y recia; su temperamento, valiente e impetuoso, fuerte y enérgico, y supo adquirir pleno dominio de sí mismo. Más de una vez me contó lo que le sucedió cuando era un sacerdote joven. Por un grave contratiempo había perdido un momento la serenidad: Me enfadé... y después me enfadé por haberme enfadado. En aquel estado de ánimo, caminaba por una calle de Madrid y se tropezó con una de esas máquinas automáticas que hacían seis fotos de carnet por unas monedas: el Señor le hizo comprender que tenía al alcance de la mano una buena ocasión para humillarse y recibir una lección ascética sobre la alegría. Entró en la cabina y se hizo las fotografías: ¡Estaba divertidísimo con la cara de enfado! Después rompió todas menos una: La llevé en la cartera durante un mes. De vez en cuando la miraba, para ver la cara de enfado, humillarme ante el Señor y reírme de mí mismo: ¡por tonto!, me decía.


Del libro Entrevista al beato Álvaro del Portillo sobre el fundador del Opus Dei

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