• Crecer para adentro en vacaciones

20/08: MostrarTE con tu propio estilo

Jesús resumió los 10 mandamientos en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Para poder querer a los demás es necesario querernos a nosotros mismos. ¿Tú te quieres? Si te quieres te respetarás, lo que se manifiesta en distintas actitudes que nos hacen #crecerxaadentro. Una de ellas es el pudor: la inclinación a mantener oculto lo que no debe ser mostrado, a callar lo que no debe ser dicho; el cuidado para no mostrar lo íntimo ante extraños. Vamos a intentar comprender que la manera en que nos mostramos ante los demás manifiesta cuánto nos amamos y, si nos amamos de verdad, ayudaremos a otros a amarse a sí mismos como Dios los ama.


Aprender de Jesús #AmarDeCorazón


Al leer los Evangelios observamos que Jesús habló poco de sí mismo. Reveló aquello de sí mismo que consideraba oportuno sin que ello le quitara sencillez y naturalidad. Y lo revelaba con su forma de hablar, de vestir, de estar entre los demás. Por ejemplo, a Herodes no le dijo ni una palabra. En cambio, el Señor se manifiesta más con los Doce, con los que tiene confianza, a ellos les cuenta más. Pero tampoco les revela todo, sólo lo que deben saber. En una ocasión, ante la pregunta de uno de ellos, contesta: “No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad”. Jesús no cuenta todo por deseo de quedar bien, o por mostrar a los demás que él sabe más que ellos. O tampoco vemos que Jesús haga preguntas por curiosidad.


Por ser el cuerpo parte de la intimidad, el pudor se muestra como resistencia a la desnudez, por eso lo defendemos ante los extraños. El vestido protege al cuerpo no solo contra el frío, sino también contra las miradas que reducen a la persona a un simple objeto de deseo. La vida privada de cada uno está protegida por el vestido. El vestido tiene un significado social, manifiesta el estilo y la personalidad de cada uno y se adapta a las circunstancias: a veces te pones ropa de fiesta, otras de trabajo, de deporte o de paseo. Este saber vestir se aprende generalmente en familia y se cultiva a lo largo de la vida según los gustos y formas de vida que se adquieren.


Hay que ir bien arreglados por varias razones, vamos a simplificarlas a tres. La primera, por caridad: hay que presentarse bien ante los demás, es una manera de demostrarles respeto y decir al otro «me importas, por eso me arreglo». La segunda, porque desde que somos pequeños nos enseñan que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo: como es así, el arreglo personal es parte del cuidado de este templo. La tercera: somos una caja de sorpresas, tenemos un montón de cosas buenas para transmitir y nuestra vestimenta da pistas sobre esto; si acertamos estaremos invitando a la gente a conocer más de nosotros, pero si erramos estaremos enviando una imagen equivocada. Como ves, se trata de #AmarDeCorazón.


Para ir bien arreglados y responder favorablemente a cada una de estas razones, el ingrediente esencial es la modestia. ¿Por qué? Porque lleva a evitar lo que no es necesario, lo que puede resultar ofensivo, guarda una sana discreción, no se deja arrastrar por cualquier impulso e invita a escoger en todo el punto justo. Quizá te ayude el consejo de san Josemaría para comprender cuánto vale tu cuerpo y el de los demás:


Un consejo de san Josemaría #AmarDeCorazón

¡Si supieras lo que vales!... –Es San Pablo quien te lo dice: has sido comprado "pretio magno" –a gran precio. Y luego te dice: "glorificate et portate Deum in corpore vestro" –glorifica a Dios y llévale en tu cuerpo.

Camino, n. 135.


Un reto #AmarDeCorazón


Lo que nos ponemos tiene que mostrar lo que nosotros queremos mostrar. A veces, la moda nos ofrece conjuntos que destacan partes del cuerpo que desfiguran la verdadera belleza de cada una, de cada uno. Por eso, no atarnos incondicionalmente a los dictámenes del último grito de la moda o a las tendencias que en realidad no nos favorecen nos permite seguir siendo libres para ir creando nuestro propio estilo, seleccionando lo que nos gusta, lo que habla de nosotros, lo que dice algo de nuestra manera de pensar, de actuar, de amar, de soñar… Al mismo tiempo, sabremos presentarnos actuales, elegantes y de manera que podamos llamar positivamente la atención, para que los demás pongan la atención en nuestra verdadera belleza.


Claro que para esto primero hay que conocerse, saber quiénes somos, qué nos gusta y por qué, para encontrar el estilo que más se ajuste a nuestra personalidad y con el que más cómodos nos sintamos. A veces cuesta decidirse a decir que “no” a algunas cosas que lleva todo el mundo, pero vale la pena afirmarse en uno mismo, en una misma, en vestir de modo auténtico, transmitiendo nuestro modo de ser. Es verdad que la apariencia no lo dice todo de uno, pero dice mucho, o al menos algo. Y “algo” es mejor que “nada”, y por ese algo los demás comienzan a conocerte, a amarte: ¿cómo quieres que te quieran?. Para hoy el reto es que pienses si tu modo de mostrarte a los demás es auténtico y pueden descubrir cómo eres realmente: qué cuentas de ti y de tus cosas y a quién a través de tu modo de vestir, de hablar, de estar. Esto te ayudará a no dejarte arrastrar por los demás: #crecerxaadentro se manifiesta por fuera.

Evangelio según san Mateo (22, 1-14)

A todos los que encontréis, llamadlos a la boda

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda".


Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.


El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.


Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda".


Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:


"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?". El otro no abrió la boca.


Entonces el rey dijo a los servidores: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes".


Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Para la lectura


La beata Guadalupe Ortiz de Landázuri es la primera mujer del Opus Dei beatificada. En ella se apoyó san Josemaría para impulsar la Obra por España y por México, pasando un tiempo también en Roma. Era una mujer que conectaba con todo tipo de personas, porque era siempre ella misma, era auténtica en su comportamiento, en su modo de vestir, de hablar… y quería mucho a toda la gente. Aquí tienes un ejemplo de su personalidad.

Elegante para todo

El carácter de Guadalupe –abierto, comunicador y sobre todo alegre– contribuye decisivamente a la buena marcha de la casa. Cada una de las residentes se siente conocida, valorada y querida. Y era verdad que Guadalupe sabía cómo era su temperamento; las causas de sus reacciones fuertes, alegres o tristes; y comprendía los vaivenes de su comportamiento, sus crisis de estudios y sus no menores crisis afectivas. Su conversación, fácil y amena, levantaba el ánimo de cualquiera.


Las universitarias van extendiendo una buena fama de Zurbarán en las distintas ciudades de donde proceden, pero el prestigio mayor lo dan ellas cuando demuestran, al finalizar el curso, el rendimiento logrado en los estudios. Guadalupe, al decir de una, como de puntillas, con mucha naturalidad, con una gran elegancia era la más feliz con los triunfos de las demás, que celebraba como si fuesen propios. Disfruta al enterarse de que alguna ha hecho un examen brillante, o ha conseguido ganar una oposición o, como sucedió en un caso concreto, le ha tocado la lotería. Pero, claro, lo que más le alegra es ver cómo se acercan a Dios y adquieren una fe más profunda. Se le transforma la cara cuando alguna –que ella sabe que tiene especiales dificultades– se acerca al sacramento de la Penitencia y rompe con lo que era estorbo; o cuando alguien le habla de deseos de hacer más por Dios y por la Iglesia, o incluso de que se siente llamada por Dios.


Guadalupe era un ejemplo de austeridad que no pasaba inadvertido a las chicas que acudían a Copenhague. No perdía la sonrisa ante las incomodidades propias de aquellos principios y parecía que no las notaba, aunque trataba de evitarlas a las demás. Cuidaba el vestido –con el tiempo mejoraría el gusto y la elegancia– y, a pesar de que siempre tuvo un porte distinguido, las residentes se daban cuenta de que disponía de un mínimo de ropa para ponerse. Sólo tenía un traje de vestir, el que utilizaba cuando debía recibir o hacer alguna visita y lo cuidaba mucho. Esta forma de actuar suponía un fuerte contraste con las residentes, que nunca sabían lo que se iban a poner para cada ocasión por la diversidad de vestuario que guardaban. Quedaban impresionadas al ver la naturalidad con que Guadalupe les daba a entender que, con poca ropa –casi sólo con lo imprescindible–, se podía vestir correctamente y presentarse bien en cualquier situación con elegancia.


Cuando llegó el momento de renovar su ajuar, Manolita, que sabía corte y confección, se ofreció a hacerle un nuevo vestido. Hubo que esperar un cierto tiempo porque Guadalupe siempre pensaba que había otros gastos más urgentes que la compra de la tela de su vestido. Por fin tuvo un traje nuevo y, cuando se vio con él, agradeció mucho el trabajo de Manolita y comprendió que era necesario.


Fragmento de “Guadalupe Ortiz de Landázuri”, de Mercedes Eguibar,

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