• Crecer para adentro en vacaciones

24/08: Sin doblez ni engaño

Cuando un amigo o una amiga dicen algo bueno de ti, uno se enorgullece. Que alguien que te ama hable bien de ti siempre alegra. Si el que te dice un piropo es el mismo hijo de Dios, entonces es cuando la alegría es total. Recibir un cumplido de labios del mismo Dios es increíble. #InspirarseEnLosSantos como el de hoy, fiesta de san Bartolomé, te dará pistas para ser una persona de una pieza.


Aprender de Jesús #InspirarseEnLosSantos


Piensa en Natanael, en otras ocasiones le llaman Bartolomé; cuando Jesús le ve, antes de conocerle, le dice que en él no hay doblez ni engaño. Es decir, Jesús dice de Natanael que es un israelita íntegro, de una pieza. Jesús, el Hijo de Dios, conoce el fondo de los corazones. Por eso cuando lo observa desde la distancia ya habla bien de él. ¿Qué había hecho Bartolomé para merecer ese cumplido? Seguramente san Bartolomé sería una persona agradable, con quien todos querrían estar. Su forma de ser era la de una persona friendly, que sabe querer a la gente y que se deja querer por los demás. Es muy fácil imaginarse que se trata de un personaje que hablaría bien de todos, y que no criticaría a los demás; que procuraría descubrir detalles que pudieran hacer más felices a quienes tenía a su alrededor; que agradecería lo que los demás hacían por él; que se preocuparía por aconsejar bien a sus amigos; que aceptaría con agrado cuando le corregían a él; que pediría las cosas por favor; que pediría perdón al equivocarse… Friendly: esa es quizá una de las enseñanzas que te puede inspirar san Bartolomé: tratar a todos con el máximo respeto y amabilidad, porque todos somos hijos de Dios. Querer y dejarse querer, como Jesús. De Él lo podemos aprender, como te aconseja san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría #InspirarseEnLosSantos

Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo.

Camino, n. 2.


Un reto #InspirarseEnLosSantos


Para ser una persona auténtica como san Barolomé, en quien no hay doblez ni engaño, te puede venir bien examinar un poco tu mundo interior, que solo veis Dios y tú, y pensar cómo tratas a las otras personas. ¿Merecerías el mismo cumplido que el Señor dirigió a san Bartolomé? ¿Tratas a los demás sin doblez, sin engaño… queriéndolos de verdad y dejando que te quieran, amando y siendo amable? Es posible que descubras que no siempre has sido así y que tienes que pedir perdón a Dios: muy bien, pídeselo ahora. Y ya que estás en la presencia de Dios, también puedes rezar por ellos ahora. Un primer paso para querer de verdad a alguien es rezar por él y hablar con Jesús de esa persona, pidiéndole que te ayude a mejorar tu relación con esa persona. Este va a ser el reto de hoy para #crecerxaadentro: comenzar a rezar por tu familia y por tus amigas y amigos.

Evangelio según san Juan (1, 45-51)

Ahí tenéis a un israelita en quien no hay doblez ni engaño

En aquél tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:

“Aquel de quien escribieron Moisés en laley y los profetas, lo hemos econtrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”.

Natanael replicó:

“¿De Nazaret puede salir algo bueno?”

Felipe le contestó:

“Ven y verás”.

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de el:

“Ahí tenéis un Israelita de verdad, en quien no hay engaño”.

Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?”.

Jesús le responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”.

Natanael respondió: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.

Jesús le contestó: “Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió:

En verdad, en verdad os digo: veréisel cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Para la lectura


Como suele ocurrir ante las cosas nuevas, al inicio puede haber cierta confusión, porque no se conoce del todo, porque aparecen las fake news que desorientan, etc. y eso hace que se sea precavido, a veces injustamente. Algo así sucedió también con algunas personas que por no entender bien el mensaje del Opus Dei o dejándose llevar por falsos rumores, lo criticaban injustamente. Un ejemplo de esto fue lo que ocurrió en Barcelona al principio, aunque luego sería una ciudad en la que el Opus Dei se desarrolló mucho, quizá por el espíritu emprendedor de sus habitantes, quizá por la intercesión de la Virgen de Montserrat, a la que san Josemaría tenía mucha devoción. ¿Cómo respondía san Josemaría ante esas incomprensiones y calumnias?

Los sucesos de Barcelona

Con la reciente aprobación dada a la Obra esperaba don Leopoldo ver restañado aquel chorro de críticas —objetivamente calumniosas— contra el Fundador. No fue así. De pronto, se recrudecieron los ataques. Las cosas se enredaban. Empezaba a cumplirse la locución divina de que, para que todo se arreglase, antes tenía que desarreglarse. Y el alboroto se produjo en Barcelona, de manera vehemente.


Acababa don Josemaría de llegar a Lérida para dar la ya mencionada tanda de ejercicios espirituales a los sacerdotes de la diócesis cuando Álvaro del Portillo le comunicó que había estallado una nueva y recia contradicción contra el Opus Dei en Barcelona. Inmediatamente —era el 20 de abril de 1941—, envió por carta las instrucciones sobre el modo de llevar esta tribulación, con el encargo especial de que Álvaro se lo comunicase a los del Palau:


Yo no les escribo: hazlo tú, y diles que estén muy contentos y agradecidos al Señor, y que no se les escape ni una palabra ¡ni un pensamiento! falto de caridad: que estén seguros de que Jesús va a hacer grandes y buenas cosas, para su gloria, en Barcelona, si llevamos esto como Él quiere [...].


¿Tienen, en Barcelona, la vida de San Ignacio de Ribadeneyra? Si no la tienen, envíales un ejemplar. Quiero que todos tengáis devoción y amor a San Ignacio y a su bendita Compañía.

Procura que la Abuela ofrezca las molestias de su enfermedad por mis intenciones, que no son otras sino pedir al Señor que nos abrevie estos trabajos —si es su Voluntad—, y que, mientras duren, nos dé alegría y sentido sobrenatural y mucha caridad para llevarlos adelante. ¡Que améis mucho a la Iglesia! Doy permiso a todos, para hacer, con prudencia y pidiendo permiso, alguna penitencia extraordinaria; y, sobre todo, que acudan al Sagrario y a nuestra Virgen Santa María, con mucha y constante oración.


Gaudium cum pace!: con todo lo del mundo, no podremos pagar nunca al Señor esta alegría, que a vosotros y a mí —¡pecador!— nos llega desde el alma hasta el rostro, al ver que somos dignos de padecer por Jesucristo.


En estas líneas viene resumida la pauta de conducta señalada a los miembros de la Obra en las nuevas circunstancias.


La contradicción principió con visitas de algunos religiosos a los hogares de quienes habían pedido la admisión a la Obra o frecuentado el Palau. Ante padres y parientes esgrimían argumentos que llevaban el peso de su autoridad moral. ¿Cómo sostener, frente a ello, la novedad representada por un grupito de jóvenes estudiantes, sin respaldo público y oficial de la Iglesia? Sumariamente lo expone Rafael Escolá:


«Enseguida visitaron a mi familia para contarles que la Obra era “una herejía muy peligrosa”, a nosotros “nos iban embaucando poco a poco”, el Padre “era diabólico”, se nos prohibía la confesión; por hacer oración nos calificaban de “iluministas”, también practicábamos “ritos inventados” [...]. Mis hermanos intentaron disuadirme de lo que llamaban una “ofuscación” mía, y todos pasaron años muy malos hasta que, poco a poco, la verdad se fue abriendo paso».


Es un testimonio sobrio y objetivo. Un esbozo trazado a pinceladas de recuerdos, pulimentado por la lejanía de los años. Pero pásanse por alto los padecimientos de la familia durante la reciente guerra civil; y el encarcelamiento de Rafael por los comunistas, todavía un muchacho. Y, a última hora, la espeluznante afirmación de que el hijo, arrancado antes a la muerte, iba ahora camino de la eterna condenación.


José Orlandis, otro miembro de la Obra, entonces de paso por Barcelona, porque tenía a su padre convaleciente en un hospital, da actualidad al relato. En carta al Padre, del 21 de mayo de 1941, describe al vivo el comportamiento de la gente de la Obra y las angustias sembradas de rebato en el seno de las familias:


«Viven aquello que escribía Vd. desde Lérida, que prohibía hasta los pensamientos faltos de caridad. Y, al referirse a aquellos Padres de la Compañía que más directamente han actuado contra la Obra —que les han expulsado de la Congregación, que han hecho que se les haya señalado en público como masones o cosa parecida y que, en algunos casos, sus mismas madres y hermanos les lloren como herejes que caminan infaliblemente hacia su perdición—, al referirse a esos Padres, como le decía, hablan de ellos con cariño, que en la voz se ve que no tiene nada de fingido, y disculpan su proceder diciendo que obran creyendo que lo que hacen está bien hecho.


Y lo que le digo de que los mismos de su familia les tengan por herejes no es una exageración. Rafa Escolá está sufriendo enormemente. “¿Sabes lo que es —me decía ayer— el que en casa mi madre y mis cinco hermanos me miren como un hereje que va hacia su perdición? En todo el día no me quitan los ojos de encima y están tratando de estudiar hasta mis menores movimientos: todo en mí les parece sospechoso; si me vieran triste, dirían: es natural, estás triste porque te das cuenta del mal camino que llevas; como me ven lleno de alegría y paz, encuentran esto mucho peor: ya no tiene remedio —dicen—, no hay esperanzas de que retroceda, el mal ha echado raíces en él y debe ser ya un hereje empedernido; y mi madre no puede hablarme ni verme sin que se le llenen los ojos de lágrimas; y sobre todo se ha interpuesto entre nosotros una especie de hielo...” Y la reacción de Rafa ante el dolor y el sufrimiento es sencillamente admirable: “Soy feliz de poderlo ofrecer a Dios por la Obra, y esto hace que en medio de esas pruebas sienta una alegría muy grande de que el Señor permita que sufra un poco por Él”.

Y este mismo espíritu de Rafa es el que tienen todos».


Pronto se añadió, a todo esto, el reparto de hojas en círculos eclesiásticos, panfletos anónimos llenos de acusaciones falsas a la persona del Fundador y a la Obra. Al duro golpe que para él suponía la reciente pérdida de la madre, cuando creía que hacía mucha falta a sus hijas espirituales, se añadían nuevos males. Noticias diarias: todas agresivas, todas malas. Eran los días en que se desahogaba con Álvaro del Portillo: hijo mío, ¿desde dónde nos insultarán hoy?, le decía a primera hora de la mañana.


En el Fundador, y en último término en Dios, tranquilidad de sus hijos. No podía permitirse pesi mismos, ni pérdida de la serenidad, ni desmoronamientos físicos. Tenía que darles fe, y alegría, y esperanzas. El 2 de mayo escribía a Rafael Termes, el director del Palau, para confortar a sus hijos de Barcelona:


«+ Jesús bendiga a mis hijos y me los guarde.

Queridísimos: estamos de enhorabuena, porque el Señor nos trata a lo divino.

¿Qué os voy a decir? Que estéis contentos, spe gaudentes!: que padezcáis, llenos de caridad, sin que de vuestra boca salga nunca ni una palabra molesta para nadie, in tribulatione patientes!: que os llenéis de espíritu de oración, orationi instantes! Hijos: ya se barrunta la aurora, y ¡cuánta cosecha, en esa bendita Barcelona, con el día nuevo! Sed fieles. Os bendigo. Un abrazo de vuestro Padre Mariano».


Lo que jubilosamente proclamaba el alma, no lo soportaba el cuerpo. El Fundador sufría, y sufría mucho; porque la procesión andaba por dentro. Sufría hasta el punto de caer enfermo en cama.

Para agradecer la carta de pésame del Obispo Administrador Apostólico de Barcelona por la muerte de doña Dolores, tuvo que hacer un esfuerzo:


Me he levantado de la cama, para escribir esta carta: ¡Sufro mucho!: Y, a la vez, no me cambiaría por el hombre más feliz de la tierra. Llevo trece años así, y el espíritu está pronto, con la gracia de Dios; pero la fisiología, a veces, se me rinde.


Creo que conviene que le diga cómo siento un agradecimiento muy grande hacia nuestro Señor, que conociendo nuestra flaqueza (la mía), si permite que personas tan santas y tan queridas de mi corazón nos maltraten, hace en cambio que unánimemente los Prelados que nos conocen, nos animen y consuelen y defiendan.


Del libro El fundador del Opus Dei, de Andrés Vázquez de Prada.

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