• Crecer para adentro en vacaciones

29/07: Servir con alegría, para que los demás descansen

Estamos de vacaciones y estando de vacaciones… ¡Qué me lo hagan todo que yo tengo que descansar! ¿Y si aprovechas tus vacaciones para descansar haciendo que los demás descansen? Un poco como Santa Marta, fiesta de hoy. Eso únicamente es posible si sigues queriendo #crecerxaadentro en vacaciones, porque solo así descubrirás tu fórmula para que tu necesario descanso sea descanso para los demás.


Aprender de Jesús e #InspirarseEnLosSantos


A veces pensamos que servir desgasta. Que cuanto más sirva a los demás más me cansaré… y entonces podríamos pensar que descansar es dejar de servir ¡que nos sirvan!. Un contraste curioso, porque cuanto más servimos a los demás más contentos estamos: seguro que lo has experimentado. ¿Y cómo va a suponer el descanso que estemos menos contentos? Entonces, quizá es que tenemos que aprender a descansar sirviendo a los demás, que el cansancio de servir nos descanse. ¿Cómo? Mira a Jesús: Jesús no servía de cualquier modo, servía con alegría y así lo enseña, por ejemplo, a Santa Marta, cuya fiesta celebramos hoy. Un día Marta aprendió que no basta servir para imitar el corazón de Dios, sino que debemos servir de un modo concreto… servir con alegría, servir con ganas. ¿Por qué? Porque Jesús nos ayuda a hacerlo y porque, sirviendo con Él, nuestros actos de servicio tendrán mucha más trascendencia: descubriremos la alegría que surge en los demás, una alegría que llega de la tierra hasta el cielo pasando por nosotros: eso nos alegra y nos llena el corazón. Por eso, a punto de comenzar agosto, mes de descanso, te puede venir muy bien pillar, para lo que tu vayas a hacer en este mes, esta diferencia que señala san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría #InspirarseEnLosSantos

Me escribes en la cocina, junto al fogón. Está comenzando la tarde. Hace frío. A tu lado, tu hermana pequeña —la última que ha descubierto la locura divina de vivir a fondo su vocación cristiana— pela patatas. Aparentemente —piensas— su labor es igual que antes. Sin embargo, ¡hay tanta diferencia!
—Es verdad: antes “sólo” pelaba patatas; ahora, se está santificando pelando patatas.

Camino, n. 498


Un reto de #InspirarseEnLosSantos


En verano tenemos muchas oportunidades de descansar, que son muchas oportunidades de descansar con Jesús, de santificar nuestro descanso. ¿Cómo? Sirviendo con alegría, haciendo que los demás descansen. La vida de Jesús está repleta de actos de servicio. Vemos en su vida hecho realidad aquello que Él mismo dijo de “no he venido a ser servido sino a servir”. Si Él siendo Dios veía con gozo el servicio… ¿por qué será? El reto de hoy es que lo que estés haciendo ahora, o vayas a hacer en el día de hoy, lo hagas con Él, con alegría. Si lo haces todo con él, será muy rápido tu #crecerxaadentro y te saldrá fácilmente servir a los demás con alegría, porque es lo que Él haría. Pero para encontrar en todo lo que hagas la alegría dile con confianza y directamente: “Señor, ¡vamos a hacer esto juntos!” Y descansarás tú haciendo que descansen los demás. Y serás feliz tú haciendo que sean felices los demás. ¿Verdad que si sirves a los demás con Él es fácil estar alegres y que se contagie la alegría? Cuando hacemos las cosas con el Señor de algún modo estamos dando vida, dando alegría. Porque le damos un toque sobrenatural a todo aquello que hacemos, si lo hacemos con Jesús.

Evangelio según san Mateo (15, 1-2.10-14)

Sí, Señor, creo que Tú eres el Mesías.

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». 


Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».

Para la lectura


Una constante que subrayan cuantos han conocido a Monseñor Escrivá de Balaguer, en cualquiera de las etapas de su vida, ha sido la alegría y la simpatía arrolladora de su modo de ser y de actuar. Aquí van algunos ejemplos y testimonios que lo corroboran:

Cuando se piensa en los demás... ¡Todo alegría!

«Jamás le he visto hosco, amargado, agrio, entristecido», afirma Pedro Rocamora, que conoció al Fundador del Opus Dei en los primeros años de su estancia en Madrid.


Y las Hermanas de los Hospitales, testigos de su desvelo por tanta enfermedad, pobreza y muerte, comentan:


«Era (...) muy espiritual y sabía entregarse a los demás con una enorme alegría. Yo le recuerdo siempre alegre. Si tuviera que destacar una cualidad de él, creo que me quedaría con ésta: la jovialidad, el gozo que emanaba su persona (...). Nos alegraba la vida con su modo de ser. Estábamos deseando que llegara, en aquella etapa de inseguridad y de probable y próxima persecución (...). No le vi nunca contagiarse de ningún espíritu de derrotismo. Don Josemaría no perdió jamás la serenidad. No hubo acontecimiento alguno que perturbase su alegría».

El mismo escribe en los puntos 657 y 658 de «Camino»: «La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre». «Si salen las cosas bien, alegrémonos, bendiciendo a Dios que pone el incremento. -¿Salen mal? -Alegrémonos, bendiciendo a Dios que nos hace participar de su dulce Cruz».


Su espíritu y su condición humana están unidos en aquella elevada y cordial afirmación que Pablo, Apóstol de las Gentes, dijera a los Filipenses: “ Iterum dico: Gaudete !”: Yo os digo otra vez: ¡alegraos!`. «Estad siempre alegres, hijos míos -repetía en múltiples ocasiones- (...). “ Servite Domino in laetitia ” (Ps XVI, 2); servid al Señor con alegría. ¿Vosotros creéis que en la vida se agradece un servicio prestado de mala gana? No. Sería mejor que no se hiciera. ¿Y nosotros vamos a servir al Señor con mala cara? No. Le vamos a servir con alegría, a pesar de nuestras miserias, que ya las quitaremos con la gracia de Dios».


Esta serenidad de ánimo ante toda situación y acontecimiento, esta alegría que «tiene sus raíces en forma de Cruz», arranca precisamente de su apoyo en la filiación divina. De saber que es Dios quien vela, quien conduce todas las cosas hacia el bien. Por eso, aceptar la Voluntad de Dios, costosa o fácil, con sol o con lluvia, con esfuerzo o con facilidad, es lo que mantiene erguido el mástil luminoso de la alegría humana.


En la Navidad de 1956 comunicaba a sus hijos, en Roma, una receta infalible para estar contento:


«Primero, perdonar; si lo hacemos enseguida, ¡qué alegría! Es algo tan grande, que nos da una paz inmensa, porque el perdón nos hace participar del poder divino: es el Señor quien perdona.

Segundo propósito: aceptar con alegría la voluntad de Dios».


Cuando, a lo largo de su actividad pastoral, alguien le interroga acerca de un problema que le preocupa, suele responder como en aquella tertulia romana con muchachas jóvenes estudiantes de diversos países:


«El espíritu de filiación divina está en la base del espíritu del Opus Dei, porque es lo que da fortaleza y alegría siempre. Quizá en algún momento de tu vida te parecerá que no tienes donde pisar: todo, todo desaparece; te encontrarás muy sola. Si en aquel momento piensas que eres hija de Dios, te sentirás fuerte y capaz de todo».


Y también:


«Tienen más motivo para pasarlo mal las personas que piensan en sí mismas. Cuando se piensa en los demás, en ayudar a los demás, en hacer bien a los demás, en consolar a los demás; cuando se va a visitar a pobre gente, enferma y sin dinero, pobre gente abandonada en un hospital, pobres chiquillos que no saben quién es su padre ni su madre, entonces, no hay penas aquí en la tierra (...). La pena viene casi siempre del egoísmo.


Que prueben, que prueben a hacer esto y tendrán alegría; tienen que conocer la pena de los demás, sentir la pena de los demás, y verán que lo suyo es poco».

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