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30/08: En la oración no contengáis el corazón

En la oración ya sabes quela clave es amar. Por eso, si quieres de verdad #HablarConDios, es muy importante que sepas abrirle el corazón. Para eso es tu Padre, para eso se ha encarnado y por eso el Espíritu Santo, que habita en ti cuando no lo echas, te guía al hacer tu oración.


Aprender de Jesús a #HablarConDios


Es admirable la naturalidad con que los discípulos tratan con Jesús. ¡Se lo cuentan todo! Hasta le dicen barbaridades, como que si tienen que hacer caer fuego del cielo para arrasar a unos que les han insultado. Y le hacen todo tipo de preguntas: cuando están todos juntos y alguien le pide que les explique bien las cosas; o cuando Nicodemo va a buscarle a las tantas de la madrugada porque le da vergüenza que lo vean; o simplemente no le dicen nada, como María, que estaba ahí, a los pies de Jesús y sin dejar de prestarle atención ni un solo momento. Lo hacían porque sentían confianza con Jesús, porque sabían que podían compartirle sus cosas, porque encontraban en Él el descanso de sus problemas… Y porque sabían que, como san Juan, que podían estar muy cerca del corazón de Jesús, hasta recostarse sobre su pecho, porque se daban cuenta de lo mucho que los quería. Tú, al hacer tu oración, ¿te atreves a ser como esos discípulos? Sigue el consejo de san Josemaría y, en tu oración, no tengas miedo de abrirle el corazón a Jesús:


Un consejo de san Josemaría para #HablarConDios

¡No contengáis el corazón! Cuando habléis interiormente, sin ruido de palabras, con el Señor, decid lo que os venga al corazón aunque os parezcan simplezas.

Apuntes de una meditación de san Josemaría, del 28/11/1973


Un reto para #HablarConDios


Estamos casi al final de agosto. El verano llega a su fin. Y todavía podemos aprovechar para #HablarConDios con un poco de calma y conseguir #crecerxaadentro. Es verdad que no siempre se notan los afectos en la oración. Ni tampoco llegan las grandes ideas. Y los propósitos… esos cuajan sólo de vez en cuando. Pero siempre podemos hacer un esfuerzo por abrirle al Señor el corazón en la oración. Ir a Jesús que nos espera y contarle ¡todo lo que llevas dentro! Soñar con Él los sueños que de verdad valen la pena: eso es abrir el corazón. Háblale de tus ganas de empezar mejor el próximo curso, de la pena que te da no haber aprovechado del todo bien el verano, o de esa cosa que te hizo gracia y que todavía te ríes cuando la recuerdas, o esa pena que aún te pesa un poco por dentro… Cuéntale también de tus propósitos buenos y nobles, esos que quieres hacer este curso: tus estudios, tu apostolado (esa amiga o ese amigo que quieres ayudarle a que se confiese), tu vida de piedad. Y dile también lo de tus sueños grandes, lo de no quedarte en lo pequeño, lo de que en serio de te gustaría ser santo y ayudarle a que muchas personas se acerquen a Dios ¿Qué tal si empiezas hoy mismo? Cuando te pongas a hacer hoy tu ratito de oración, a ver si consigues contarle lo que llevas dentro. Y, con eso, sueña a lo grande con Jesús las “locuras” de tu corazón. Si procuras vivir así, llegará un día en que no te creerás lo que has vivido. Ya se lo decía san Josemaría a los primeros de la Obra y, como verás en la lectura, el Señor paga con creces esos ratos en los que hablas con Dios de todas las cosas que llevas dentro.

Evangelio según san Mateo (16, 21-27)

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas corno los hombres, no como Dios.»

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta".

Para la lectura


El 17 de mayo de 1992 tuvo lugar en Roma la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer. Algunos de los que le habían conocido siendo todavía jóvenes estudiantes —esos que vivieron con él el confinamiento en la Guerra Civil— estaban presentes en la ceremonia que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro en Roma. Ellos veían que lo que Dios le había hecho soñar a san Josemaría tantas veces en su oración era ahora una realidad. Pedro Casciaro, que estaba presente frente a los restos mortales del Fundador de la Obra esos días en Roma, cuenta así cómo vio cumplidos los sueños del corazón.

Soñad y os quedaréis cortos

Allí, donde tantas veces había rezado junto a nuestro Fundador, me arrodillé, entre los miles de peregrinos que se acogían a su intercesión, para rezar ante sus sagrados restos. Vi desfilar durante largo tiempo africanos con vestimentas exóticas; nórdicos venidos de los países escandinavos o de tierras lejanas, como Canadá o Polonia; gentes de tez aceitunado y rasgos indios, con el suave hablar peruano; caribeños; hombres y mujeres de todo México; asiáticos de gesto inexpresivo procedentes de Japón y Filipinas; australianos; y personas de tantos y tantos países. Era ver hechas realidad aquellas palabras de nuestro Padre, cuando me hablaba, lleno de fe, de todos aquellos países lejanos a los que llegaría la semilla del Opus Dei.


Di gracias a Dios nuestro Señor por poder contemplar esta gozosa realidad y por haber hecho ver claramente a nuestro Padre, desde los comienzos, que el Opus Dei tenía entraña universal y debía llegar a todos los hombres, cualquiera que fuera su raza y condición.


También di gracias a Dios porque el Padre logró transmitirnos ese mismo convencimiento a los primeros y desde el principio. Su palabra fue un fidelísimo arcaduz de la gracia de Dios: si no, es imposible que unos muchachos como nosotros, que –salvo alguna contada excepción– no habíamos salido de nuestro país, que no teníamos mayor experiencia humana que la propia de nuestra edad y circunstancias, llegáramos a captar esa dimensión universal, católica, del Opus Dei. Indudablemente, Dios nos infundió entonces una gran fe en las palabras del Padre.


Agradecí al Señor que se hubiesen hecho realidad en la vida de tantas personas aquello que nos decía, en aquellas entrañables tertulias del domingo por la tarde en la Residencia de Ferraz: nos aseguraba que si éramos fieles a nuestra llamada divina nuestra vida se convertiría en una novela maravillosa. Para eso teníamos que soñar: soñad –nos repetía, una y otra vez, lleno de fe–, soñad y os quedaréis cortos.


Del libro Soñad y os quedaréis cortos, de Pedro Casciaro.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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