• Crecer para adentro en vacaciones

31/07: Jesús y yo, ¿podemos ser amigos?

¿Quién es Jesús? Es una pregunta a la que todos los hombres de todos los tiempos hemos de dar una respuesta propia. No vale decir algo aprendido. Por ejemplo, en el evangelio de hoy ante la admiración que provocaba Jesús, la gente preguntaba: “¿No es el hijo del carpintero?”. Tú ¿qué les responderías? Ojalá, al #crecerxaadentro pudieras decirles: “Ese es Jesús, es mi Amigo”.


Aprender de Jesús para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo


En el Evangelio siempre se ve a Jesús rodeado de mucha gente. Pero sobre todo a su alrededor se mueven sus amigos. Marta, María, Lázaro, Nicodemo… y, sobre todo, los apóstoles. En la última cena Jesús les dijo a los 12: “a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he hecho conocer”. Jesús quiere que seamos amigos. Él no quiere un trato formal, ni que le hables como si estuvieras hablando con alguien súper importante; Él quiere compartir contigo todo. Por eso les dice a los apóstoles: “todo os lo he dado a conocer”. Y estas palabras también te las dice a ti.


San Josemaría animaba a los chicos que conocía a buscar la amistad con Jesús. Les explicaba que el trato con Cristo no necesita de grandes formalidades ni de complejos métodos. Basta estar con él con sencillez, como con cualquier otro amigo. A fin de cuentas, ese es el modo en que le trataron quienes más le querían, mientras vivió entre ellos.


Ahora estamos a punto de empezar el mes de agosto, un mes en el que compartirás mucho tiempo con tus amigos en tu lugar de veraneo. Seguramente estarás con ellos mucho más tiempo que en otros momentos del año. Y también podrás estar un tiempo a solas con Jesús cada día. ¿Qué te parece si pones en práctica este consejo de san Josemaría para #SerMejorAmigo de Dios?


Un consejo de san Josemaría para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo

«¿Has visto con qué cariño, con qué confianza trataban sus amigos a Cristo? Con toda naturalidad le echan en cara las hermanas de Lázaro su ausencia: ¡te hemos avisado! ¡Si Tú hubieras estado aquí!...
‒Confíale despacio: enséñame a tratarte con aquel amor de amistad de Marta, de María y de Lázaro; como te trataban también los primeros Doce, aunque al principio te seguían quizá por motivos no muy sobrenaturales»

Forja, n. 495


Un reto para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo


Nosotros lo primero que aprendemos de pequeños es que Dios es nuestro Padre y rezamos el Padrenuestro que Jesús nos enseñó. Esto lo sabemos bien. El segundo descubrimiento que tenemos que hacer es que Jesús es mi amigo, que le interesan mis cosas y, si quiero ser su amigo, a mí también me interesarán las suyas. Y, ¿cómo me puedo hacer amigo de Jesús? ¿Cómo te has hecho amigo de tus amigos? Estando con ellos, compartiendo con ellos tu tiempo. Hablando con ellos de tus cosas. Con tus amigos no hay formalidades, puedes decir “de todo”. También es así con Jesús. Díselo a Él: “Quiero ser tu amigo, tu amiga. Ya sé que es imposible serlo sin estar un rato contigo todos los días, pero siempre encuentro excusas”. El reto de hoy para #SerMejorAmigo de Dios es que cuando estés con Él en tu rato de oración, no te olvides de que hacer oración no es rezar oraciones; es, como te aconseja san Josemaría, estar con Él con confianza, poder hablar de todo: hablar de Él, de ti, alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, ilusiones; hablar de lo que os pasa a ti, a Jesús y a la gente que quieres: de todo. ¿No tienes ahora cosas que contarle a Jesús? Y después de hablar tú, calla un poco, porque Él quiere contarte las suyas.

Evangelio según san Mateo (13, 54-58)

"¿No es el hijo del carpintero?”

En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga.


La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».


Y se escandalizaban a causa de él.


Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta».


Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

Para la lectura


La primera residencia del Opus Dei se llamó DYA (Derecho y Arquitectura). Allí san Josemaría se reunía con muchos chicos y les explicaba como podían hacerse amigos de Jesús. Hace unos años se publicó un libro que recoge los recuerdos de aquella época. Te dejamos un fragmento que se titula:

La amistad con Dios

Tanto en la formación personal como en la colectiva, don José María animó al trato personal y directo con Dios. Subrayó la necesidad de dedicar algunos momentos de la jornada para estar a solas con el Señor: «Animaba a seguir un plan de vida, a tener frecuencia de sacramentos y a hacer un rato —diez minutos— de oración todos los días», recordaba José Pallarés. Para conversar con Dios, insistía, no hacía falta un método. Había que dirigirse al Señor con la cabeza y el corazón, siempre de modo confiado: «Pedir, dar gracias y hacer actos de amor; a esto se reduce la oración».


Los tiempos y formas de rezar debían adaptarse al horario y necesidades de cada uno. «Aunque comprendía que tendría que hacer un gran esfuerzo —recordaba Pedro Casciaro—, me estuvo explicando lo bueno que era tener un horario exigente desde el punto de vista espiritual. Me dijo que así me libraría de caer en el aburguesamiento, tan común entonces, de los estudiantes que habían logrado ingresar en una Escuela Especial». Esta idea de contar con un plan diario para mantener el trato con Dios, caló entre sus oyentes, aunque a veces les costase, como reconocía Jaime Munárriz en marzo de 1935: «La meditación la hago de vez en cuando pero no todos los días y todo porque aún no tengo un plan de vida diario». El fundador añadía que ese plan era un medio, no un fin. El objetivo perseguido no consistía en realizar determinadas prácticas religiosas, sino en facilitar el diálogo con Dios en todo momento. A Salvador Segura, que participaba con otros amigos en un círculo de San Rafael, le dijo: «Podéis rezar el rosario, aunque sea en el tranvía, pasando las cuentas con la mano en el bolsillo».


A partir de marzo de 1935, contaron con la presencia de Jesús sacramentado. Desde entonces, las enseñanzas del Padre, sobre el modo en el que se debía tratar a Dios, giraron en torno a la Eucaristía. Dios, comentaba el Padre, era un residente más —el primero—, por lo que animaba a cada uno a que estuviese un rato haciéndole compañía, a que le “saludara” con una genuflexión al entrar y al salir de DYA, o a que acudiera al sagrario con el pensamiento, desde su dormitorio.

Para facilitar la oración, en enero de 1935 comenzó «una costumbre que ha establecido el P. [Padre] y que consiste en que todos los días, en el Oratorio, haya dos ratos de oración para todo el que quiera asistir, voluntariamente como es lógico; uno de 7¼ a 7¾ de la mañana y otro de 6½ a 7 de la tarde.- Lo mismo da que haya solo dos o tres, que si son 10 o 15 y que sean de S. Rafael, residentes, etc.». En el horario de la mañana, cada cual oraba por su cuenta; en el de la tarde, se leía en voz alta un libro espiritual, para que los presentes meditaran esos pasajes. Estos ratos de oración se hicieron diariamente, a lo largo del curso.


Escrivá predicó meditaciones los días de retiro mensual, y en algunas ocasiones particulares. Durante el carnaval, tuvieron un triduo de reparación como desagravio por los pecados propios y ajenos. Consistió en el rezo del rosario, seguido de una meditación; los dos primeros días predicó don José María y el tercero lo hizo don Saturnino de Dios. Asistieron más de veinte estudiantes. Cuando hablaba el Padre, las palabras «tenían mucha autoridad porque en ellas se reflejaba su gran fe». Su oratoria gustaba a los universitarios. El tono alegre y al mismo tiempo exigente —ajeno a las «formas altisonantes o tremendistas, imperantes en la época»—, facilitaba el encuentro con Dios. A Agustín Tomás, estudiante de Derecho, le impresionó «la oración introductoria que el Padre, de rodillas, cara al Sagrario, con la penumbra de aquel oratorio, rezaba despacio, saboreando cada una de sus palabras: “creo firmemente que estás aquí…”. Y de esa certeza se sacaba una conclusión práctica, el trato con Cristo realmente presente en el Sagrario».”


Del libro La Academia y Residencia DYA, de José Luis González Gullón.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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