• Crecer para adentro en vacaciones

4/09: Perder es ganar

Te imaginas estar en una boda y que la novia diga “Yo, Paula, te recibo a ti, José, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte…provisionalmente”. Nos suena de broma ¿verdad?… pero... ¿estás preparado para elecciones "para siempre"? ¿Has pensado alguna vez que #SerMásLibres tiene mucho que ver con comprometerse?


Aprender de Jesús para #SerMásLibres


Jesús se ha comprometido contigo y conmigo. Cuando prometió que nos salvaría, lo hace. Es lógico dudar cuando tomamos una decisión y pensar si podré mantenerla en el tiempo. Es lógico dudar…si te miras a ti mismo. Pero no es tan lógico, si le miramos a Él. Jesús te ha demostrado que siempre va a estar contigo y que no te va a dejar: ya ha dado su vida por ti. Hay un momento de su vida cuando dos discípulos, después de la crucifixión y ver que Jesús ha muerto, se vuelen a su aldea. Son los famosos discípulos de Emaús. Han oído que Jesús ya no está en el sepulcro, pero no se creen que haya resucitado. ¿Qué hace Jesús? Sale a su encuentro y va con ellos. Incluso camina con ellos en dirección contraria. Así hace Jesús contigo y conmigo si le queremos escuchar. Si te estás planteando comprometerte en algo bueno o tomar una decisión del tipo "para siempre", que sepas que vas a #SerMásLibre cuando pones tu "sí quiero" por encima de las circunstancias futuras. Si has tomado una decisión sobre algo bueno y te cuesta mantenerla, no te extrañes ni te preocupes, pues las dificultades para mantener la palabra no se pueden prever al 100%: pide ayuda al Señor y pídele fuerza. ¿Cómo? Con la oración. Reza. Quien no reza, quien no camina con Cristo, difícilmente tendrá fuerzas para mantener una decisión. Mira qué propone san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría para #SerMásLibres

La fe me dice que Cristo ha vencido definitivamente y nos ha dado, como prenda de su conquista, un mandato, que es también un compromiso: luchar.
Los cristianos tenemos un empeño de amor, que hemos aceptado libremente, ante la llamada de la gracia divina: una obligación que nos anima a pelear con tenacidad, porque sabemos que somos tan frágiles como los demás hombres. Pero a la vez no podemos olvidar que, si ponemos los medios, seremos la sal, la luz y la levadura del mundo: seremos el consuelo de Dios.

Es Cristo que pasa, n. 74.


Un reto para #SerMásLibres


Parece que cuando elijo algo, pierdo otras cosas. Y es verdad… Y a medida que esa decisión la mantengo en el tiempo me voy dando cuenta de más cosas que voy perdiendo. También es verdad... Cuentan que una vez a un le preguntaron a una chica: "¿Qué ganas con hacer oración cada día?" La chica respondió: "Estoy con Jesús. ¿Qué gano? Estar con Él. Y déjame decirte lo que pierdo cuando oro: inseguridad, odio, miedo, orgullo y depresión". Sí, también pierdes Play, merendar con más calma, la comodidad de un sofá... el resto de chicas -o chicos- del mundo, otras carreras,... Es más libre el que elige un tesoro y sabe mantenerlo, que el que elige o lo cambia por cien baratijas, aunque brillen mucho. "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido", pregunta san Pedro a Jesús. Y la respuesta: "el ciento por uno (100x1) en esta vida y después la vida eterna". Los cristianos estamos a otro rollo: el 100x1 y la vida eterna... El reto es que ores pensando cuáles son esas baratijas brillantes tras las que se te va el corazón... y saques tú misma, tú mismo, las conclusiones.

Evangelio según san Lucas (5, 33-39)

Que llega el esposo, salid a recibirlo

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús:


«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».


Jesús les dijo:


«¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».


Les dijo también una parábola:


«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”».

Para la lectura


Hoy te proponemos el testimonio de Scott Hahn, un escritor converso, que recuerda un suceso que le ocurrió en 2º de bachillerato. Gracias a la lealtad de su amistad pasó lo que pasó. Lo cuenta en primera persona.

Amigo leal hasta el final

Al final de mi último año de Secundaria, iba un día camino del Instituto para un ensayo, cuando pasé ante la casa de Dave, el que había sido mi mejor amigo. Su luz estaba encendida, y pensé: «Debo al menos despedirme de él, ahora que voy a graduarme y a irme a la Universidad».


Casi no le había visto en los últimos dos años.


Toqué el timbre, y la madre de Dave abrió la puerta y me invitó a pasar. Creo que había oído decir que me había vuelto muy religioso; se alegró mucho de verme. Mientras entraba, Dave bajó por la escalera poniéndose el abrigo. Al verme se detuvo de repente. -iScott! – ¡Dav!, -Ven, sube. Al principio la situación resultó muy tensa, pero luego empezamos a hablar y hablar, y estuvimos riéndonos y contando anécdotas como en los viejos tiempos. Lo que iban a ser quince minutos resultaron ser más de dos horas. ¡Nunca llegué a mi ensayo! Mientras lo lamentaba le dije a Dave: -Pero espera..., cuando llegué, ibas a salir... Lo siento... seguro que te he fastidiado un buen plan. De repente su expresión cambió: -¿Por qué has venido esta noche? - me preguntó. -Sólo para despedirme de ti y desearte que te vaya muy bien. -Pero ¿por qué esta noche precisamente? -Pues no lo sé... ¿He hecho que faltaras a algo importante? Miré a aquel tipazo que había sido tan atlético, gracioso y popular, y noté que su voz temblaba. -Cuando has llegado me iba a... -metió la mano en el bolsillo y sacó una soga de dos metros con un nudo corredizo en uno de los extremos Iba a ahorcarme. Esta tarde trepé aun árbol en el viejo huerto de manzanos, y cuando estaba apunto de hacerlo, pasaron dos niñas. Pensé: «Yo ya he arruinado mi vida, ¿por qué arruinar también las suyas?» Así que decidí volver cuando oscureciera. Salía para allá cuando has llegado».


Rompió a llorar y me pidió que rezara por él. Nos abrazamos y empecé a rogar por él en aquel mismo instante. Al salir de su casa vi un crucifijo colgado en la pared, junto a la puerta principal, y pensé: «Qué lástima que Dave nunca se haya tomado en serio el Evangelio». De camino a casa, me detuve a mirar las estrellas y le dije a Dios: «Señor, yo no sabía lo que Dave iba a hacer, pero tú sí, ¿verdad? Si puedes servirte de alguien como yo para ayudar a alguien como Dave... aquí estoy, Señor».

Del libro Roma Dulce Hogar, de Scott Hahn.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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