• Crecer para adentro en vacaciones

5/08: La alegría de servir a los demás... ¿será verdad?

Seguro que este verano en casa ya habrás disfrutado algún día del rico heladito de postre. ¿No te llama la atención que tu madre sirve a los demás la mejor porción y se queda con un trozo pequeño? Seguro que habrá dicho que es porque tú tienes que crecer... Pero suena a excusilla. El amor de las madres se concreta en esos detalles que les hacen #VivirConAlegría. Pues también nosotros, cuando servimos a los demás y les damos lo mejor, encontramos la alegría y logramos #crecerxaaddentro.


Aprender de Jesús para #VivirConAlegría


Hay un pasaje del Evangelio que nos presenta a Jesús haciendo una pregunta aparentemente indiscreta a sus discípulos: “¿De qué discutíais por el camino?”. A los apóstoles les daba un poco de vergüenza decir que mientras caminaban habían estado discutiendo sobre quién de ellos sería el más importante. Quizá se quedarían callados, mirando para otro lado, esperando que otro tome la iniciativa de responder, para no quedar mal. ¿Te suena esa situación? A veces a nosotros nos sucede también lo mismo, pues tenemos ilusión por ser los mejores, los más importantes, los más populares y, de todas todas, no quedar mal. Pero Jesús, antes de que nadie responda, les explica en qué consiste ser una persona importante y les dice: “Quien quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor”. Parece contradictorio, pero Jesús no puede ser más claro: Él ha vivido así y no hay nadie más feliz que Él. La vida auténticamente importante se realiza plenamente en el compromiso concreto por servir al prójimo. Y esa es la fuente para #VivirConAlegría. Mira cómo te recomienda san Josemaría que vayas por la vida:


Un consejo de san Josemaría para #VivirConAlegría

Que nadie lea tristeza ni dolor en tu cara, cuando difundes por el ambiente del mundo el aroma de tu sacrificio: los hijos de Dios han de ser siempre sembradores de paz y de alegría.

Surco, n. 59


El reto de hoy para #VivirConAlegría


¿Qué hará falta para sembrar paz y alegría? Quizá te das cuenta de que muchas veces has estado triste porque has pensado demasiado en tus cosas, en tu comodidad y en tu egoísmo. Eso es lo fácil. Pero al #crecerxaadentro también te das cuenta de que cuando más feliz te has sentido ha sido al hacer cosas por los demás, aunque te haya costado sacrificio. ¿Sí o no? Te proponemos un reto: cuando hagas un rato de oración, quizá en este momento, haz una nota nueva apuntando un pequeño detalle que podrías tener con cada persona de tu familia: con tus padres, hermanos, primos o personas que en este momento están viviendo contigo. Se trata de hacer una cosa pequeña con cada uno, aunque las repartas en varios días: por ejemplo, ayudar a tu hermano pequeño con los deberes del verano, decir a tu madre que te encargas hoy de poner la mesa, acordarte de una cosa importante que preocupa a tu hermana, etc. Y cuando llegue el examen de conciencia de la noche piensas qué tal te ha ido. Al cabo de dos o tres días podrás valorar si #VivirConAlegría tiene algo que ver con servir más a los demás. Seguro que ya te imaginas la solución, así que ¿a qué esperas a ponerla en práctica y #crecerxaadentro? Habrás de superar obstáculos, pero… ¿quieres #VivirConAlegría, verdad?

Evangelio según san Mateo (15,21-28)

Mujer, ¡qué grande es tu fe!

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»


Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Para la lectura


José Luis Soria, que trabajó muchos años con san Josemaría en Roma, cuenta cómo la alegría en la vida cristiana es sinónimo de servicio. Y explica que a San Josemaría le gustaba mucho compararse con un burrito, porque es un animal que sirve a su amo, que no se queja y que Dios lo premia cuando el domingo de Ramos lo utiliza como trono para entrar solemnemente en Jerusalén.:

Servir a Dios como el borriquillo

Entre los animales que aparecen en la Biblia, el burro, si no es el más citado, tampoco se queda atrás en número de menciones: cincuenta y cuatro veces, por lo menos, figura su nombre en las páginas de la Sagrada Escritura. Una de esas referencias que se quedó grabada en el alma del Fundador del Opus Dei corresponde al salmo 72: “soy como un borrico y estoy siempre cerca de ti”. Este versículo del libro de los salmos ayudó mucho a San Josemaría, porque al hilo de este salmo afirmaba: “Como un borriquillo soy yo delante de ti, Señor”. Esta imagen no significaba solamente una humillación, es decir, considerarse poca cosa, como un simple animal delante de Dios, sino también el gozo y la alegría de que su vida consistía en servir a Dios como un fiel instrumento.

San Josemaría decía que “un burro fue el trono de gloria de Jesús en Jerusalén”. No es de extrañar que el versículo siguiente del mismo salmo 72: “me guiaste con tu mano derecha” le sirviera a San Josemaría para traducirlo libremente diciendo: “me has cogido por el ronzal, y me has hecho cumplir tu voluntad, y en la gloria me darás un gran abrazo de amor”.

Desde el año 1931, cuando todavía era un sacerdote joven, decía de sí mismo que era “ut iumentum”, en latín, “como un borrico”. Y calificaba al animal con un adjetivo de mayor abyección todavía: “burrito sarnoso”, binomio que a veces aparecía en sus escritos abreviado y disfrazado con las letras b.s. Es de advertir que, como no era amigo de cosas extravagantes, empleaba esa expresión solamente en su oración personal, en las anotaciones de sus cuadernos espirituales y en las cuentas de conciencia que redactaba para su confesor. Pero esas referencias, aunque humillantes en sí mismas, no eran trágicas, sino que –como de costumbre- manifestaban una vez más su refrescante sentido del humor. Así pasa con una anotación de 1931: “Conozco un borrico de tan mala condición que, si hubiera estado en Belén, en lugar de adorar, sumiso al Creador, se hubiera comido la paja del pesebre…”.

En adelante y durante toda su vida, la historia del borrico le proporcionaría ocasiones de introducir en la conversación con la gente y en la predicación temas bien profundos, envueltos en una alusión divertida y bromista. Por ejemplo, tomando pie de que un coche sencillo y modesto se le suele llamar una “utilitaria”, decía que a él le gustaba compararse con un borrico, porque el borrico sirvió de “utilitaria” a Jesús cuando tuvo que entrar en la ciudad de Jerusalén. Otra anécdota simpática es la que protagonizó con un sacerdote amigo, don Joaquín Mestre, que en una ocasión le pidió un retrato suyo. San Josemaría reaccionó enseguida: “sí hombre, sí. Con mucho gusto. Ahora mismo te lo doy”. Entro en una habitación contigua al despacho donde estábamos conversando y trajo la pequeña reproducción de un asno forjada en un tosco hierro y me la entregó diciendo: “Toma; ahí tienes un retrato mío”. Yo me quedé mirándole pasmado y sin chistar palabra, mientras él me sababa de apuros: “Sí, hombre, sí; eso soy yo: un borriquillo. Ojalá sea siempre borriquillo de Dios, instrumento suyo de carga y de paz”.

En cierta ocasión en Roma, sucedió algo que hizo reaccionar de modo enérgico a San Josemaría. Luego, para quitar hierro al episodio, bromeó refiriéndose a sí mismo y, dirigiéndose a uno de los presentes, dijo: “¡Qué burro es tu Padre! Tengo dos buenos certificados, que no digo porque no son del caso”. No los identificó entonces, pero tengo la clara impresión de que se refería a dos episodios personales con carácter sobrenatural extraordinario. Hizo una pausa y siguió hablando del pollino: “No pretende tener la belleza ni la arrogancia ni la esbeltez del caballo, ni, ¿cómo día yo? La mundanidad del caballo tampoco”. Hasta el final de su vida se identificó con la figura del asno, uniendo en ese gesto la humildad y un genial sentido del humor. Lo demostró una vez más cuando le regalaron una vieja estatuilla de San Antón, patrono de los animales. En la peana de la estatuilla escribió: Ora pro me. Finalmente, unos años antes de su fallecimiento, con ocasión de un viaje que hizo a Torreciudad, el santuario de la Virgen cerca de Barbastro que con tanto cariño promovió, al pasar cerca del relieve de un burro, se acercó a besarlo y, al hacerlo, le saludó diciendo; “¡Hola hermano!”.


Del libro Maestro de buen humor, de José Luis Soria.

Para otro rato de oración te puede servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):


Apúntate para que te mantengamos al día

© 2020 por Crecer para adentro