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7/07: ¿Con ganas? ¿Sin ganas? Supera las dificultades por amor

¿Hacer las cosas por Amor significa “sentir” Amor al hacerlas? Si le preguntas a tu madre qué “sentía” mientras te cambiaba el pañal cuando eras pequeña… Si sólo se hubiera guiado por “lo que sentía” te diría que cierto asquillo porque olía mal o cierta pereza porque era la cuarta vez que te lo cambiaba. Si le preguntas por qué lo hacía, te saldrá la respuesta: Lo hacía porque te quería, aunque fuese “lo que le tocaba hacer”. Pero no lo vería como una obligación, si no como algo que quería hacer por amor, porque el amor nos hace #SerMásLibres.


Aprender de Jesús para #SerMásLibres


Cuenta San Lucas que Jesús se prepara para subir a Jerusalén para ser crucificado. Sabe lo que va a ocurrir allí, pero como dirá más adelante… nadie le quita la vida, es Él quien la da. Podemos pensar que lo hace “obligado” pero no: la persona más libre que hay es Jesús… y precisamente hizo lo que tenía que hacer, por amor, aunque te puedes imaginar que no le apetecía mucho eso de la cruz. Jesús es consciente de lo que le espera en Jerusalén y, con valentía, “decidió firmemente”, con plena libertad, afrontar la tarea que había venido a realizar, la redención del género humano. El camino para la gloria pasa por la Cruz.

La libertad es la capacidad de elegir el bien, tomando decisiones conscientes movidas por el amor. La libertad cristiana no es arbitrariedad: no se trata de poder escoger caprichosamente lo que más apetece en un momento, o lo que se presenta como más atractivo, sino aquello que conduce a la más plena realización de la persona, haciendo propia la aventura de amor con la que Dios sueña para cada uno.



Un consejo de san Josemaría para #SerMásLibres

Yo "ganas" tengo muy pocas veces. Hay que hacer las cosas cuando no se tienen ganas. Entonces, como están fundamentadas en el sacrificio, son mucho más fecundas, valen mucho más delante de Dios, brillan como los luceros de la noche...

Respuesta de san Josemaría en una tertulia en Brasil ante la pregunta: Padre, al hacer las cosas, ¿si no tengo ganas no es auténtico? Puedes ver el video aquí.


Un reto para #SerMásLibres


La clave para hacer las cosas con ganas o sin ganas, cuando el sentimiento acompaña y cuando no, es poner un motivo de amor en cada cosa que hacemos para poner a Jesús “en la cumbre de todas las actividades”. Luego, el sentimiento acompañará o no, pero el motivo lo pones tú: Haré esto por Amor a Jesús, por amor a mi madre, a un hermano a un amigo… Y cuando las cosas se hacen por amor, se intentan hacer con amor, con ganas, con alegría… y tantas veces se despiertan o intensifican esos sentimientos que también nos facilitan actuar. Como señalaba Mons. Fernando Ocáriz, “se puede hacer con alegría -y no de mala gana- lo que cuesta, lo que no gusta, si se hace por y con amor y, por lo tanto, libremente”, sin estar atado por los sentimientos. Así hizo Jesús, incluso al ir hacia la Cruz. Porque incluso ante lo más costoso, Jesús nos posibilita (nos da la gracia) para hacer las cosas con Amor, con su Amor, con la Caridad. Pídeselo a Él: el reto para hoy es pedirle al Señor que nos ayude a que cada cosa que hagamos la hagamos por Él. Aunque sea con la boca, decirle… “Señor; esto lo quiero hacer por amor a Ti”. Y así le pondremos siempre en “la cumbre” de todas nuestras actividades. Algo que decía San Josemaría y que vio precisamente un día como hoy de hace unos cuantos años (te lo contamos en la lectura de abajo).

Evangelio según san Mateo (16, 24-28)

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con la cruz y me siga

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad».

Para la lectura


El 7 de agosto de 1931 san Josemaría tuvo una oración especial, en la que vio con claridad lo que vas a leer a continuación.

Y vi triunfar al Señor

7 de agosto de 1931: Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. —Al encomendar mis intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina: la Obra de Dios. (Propósito que, en este instante, renuevo también con toda mi alma). Llegó la hora de la Consagración: en el momento de alzar la Sagrada Hostia, sin perder el debido recogimiento, sin distraerme —acababa de hacer in mente la ofrenda del Amor Misericordioso—, vino a mi pensamiento, con fuerza y claridad extraordinarias, aquello de la Escritura: "et si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum" (Ioann. 12, 32). Ordinariamente, ante lo sobrenatural, tengo miedo. Después viene el ne timeas!, soy Yo. Y comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas.


A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad..., sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey.


Esta nueva luz era una gracia específica que confirmaba el mensaje del 2 de octubre, recalcando el alcance que el trabajo profesional tiene dentro del espíritu del Opus Dei, como fuente de santificación y apostolado. Al mismo tiempo se resalta el valor y función del trabajo en la economía de la Redención, como un eco de aquel "recapitular todas las cosas en Cristo", de que habla San Pablo a los de Éfeso.


Cristo, alzado en la cruz para que en El fijen su mirada los hombres, en signo de salvación para muchos. La redentora curación de la humanidad, dañada por el pecado de nuestros primeros padres en el Paraíso, venía ya prefigurada en aquella serpiente de bronce que Moisés mandó levantar para que sanaran de sus picaduras los que habían sido mordidos por las serpientes en el desierto.


Así también Cristo, enclavado en la cruz, expuesto a las burlas de sus enemigos y al dolor de sus amigos, es signo de contradicción para muchos. Pero no es esta visión del Salvador, condenado a muerte y víctima en el Calvario, el cauce por donde discurre la locución recibida por el sacerdote en la fiesta de la Transfiguración, sino en cuanto quiere que se establezca el imperio de su amor a través de las actividades de los hombres. De nuevo se oye en labios del Fundador el regnare Christum volumus, sometiendo las actividades todas de los hombres, el producto de sus esfuerzos y la creatividad de su inteligencia, para ponerlos a los pies de Cristo como pedestal de alabanza (Deo omnis gloria), para que reine sobre las voluntades de los hombres y domine todo lo creado.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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