• Crecer para adentro en vacaciones

8/08: ¿Amigo de todos? Dios cuenta contigo

Cuando Jesús subió al Cielo les dijo a los apóstoles: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Seguramente has oído estas palabras muchas veces y, quizá, piensas que se refiere a la Eucaristía, y es verdad. Pero no sólo se refiere Jesús a la Eucaristía, también está hablando de ti, porque Jesús quiere llegar a través de nosotros a todos los hombres y mujeres de este mundo. ¿Te animas a ayudarle? ¿Te animas a #crecerxaadentro y ser amigo o amiga de todos?


Aprender de Jesús para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo


Jesús tuvo muchos amigos, los tenía en todas las clases sociales y eran de edad y de condiciones muy variadas: los apóstoles; los tres hermanos de Betania: Marta, María, Lázaro; o personas de gran prestigio social, como Nicodemo o José de Arimatea; o hasta mendigos como Bartimeo, y otros muchos que el Evangelio no cita sus nombres. Y eran amigos de verdad: por ejemplo, cuando Lázaro se pone enfermo le mandan este recado: “Señor, mira, el que amas está enfermo”. El que amas, tu amigo, está enfermo. A todos les gustaba estar con Jesús: encontraban en él al mejor amigo que pudieran desear: se sentían apreciados de verdad, le podían contar sus penas y alegrías, preguntarle con confianza, hablar de temas poco importantes y de más importantes. Jesucristo siempre estaba disponible y les ayudaba a ser mejores llevándoles el mensaje divino que había traído a la tierra.


Los Apóstoles aprendieron de Cristo el verdadero sentido de la amistad. Y ya los primeros que conocieron a Jesús fueron a comunicar esta buena nueva a quienes amaban: Andrés trajo a Pedro, su hermano; Felipe, a su amigo Natanael; Juan llevó al Señor a su hermano Santiago; y los Hechos de los Apóstoles nos muestran cómo los primeros cristianos difundieron la fe entre las personas a las que querían: a través de los hermanos, de padres a hijos, de los hijos a los padres, del siervo a su señor y a la inversa, del amigo al amigo, de tú a tú. A lo largo de los siglos, la amistad ha sido camino por el que muchos hombres y mujeres se han acercado a Dios y han alcanzado el Cielo, porque es el medio natural para comunicar sentimientos, compartir penas y alegrías, disfrutar con quienes están junto a nosotros por razones de familia, de estudio o de aficiones… y para compartir la fe. Jesús cuenta con que seas buen amigo, buena amiga, de tus amigos para acercarse a ellos, porque la fe se disfruta y se transmite cuando se ama. Mira qué te propone san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo

Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., ¡pero notas que te falta algo!
Lleva a tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad –la lucha para alcanzarla– es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por El, a los demás. Quizá descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, buen amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente "tu santidad", eres envidioso.
Te "sacrificas" en muchos detalles "personales": por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti.

Surco, n. 739


Un reto para #SerMejorAmiga #SerMejorAmigo


El 14 de diciembre de 1928, Isidoro Zorzano, amigo de san Josemaría desde el Instituto, se trasladó a Málaga, para trabajar en la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces. Poco después de incorporarse a su empleo, escribía a su antiguo compañero de estudios, san Josemaría: «Mi querido amigo: Como verás estoy ahora en Málaga, pues he cambiado la Constructora Naval por la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces donde presto mis servicios como Ingeniero subalterno del servicio eléctrico» (carta a san Josemaría, 4-I-1929). Al poco recibe carta de san Josemaría: «Querido Isidoro: Cuando vengas por Madrid no dejes de verme. Tengo cosas muy interesantes que contarte. Un abrazo de tu buen amigo». E Isidoro le contesta: «Espero ir pronto [...], tal vez a fin de mes, en cuyo caso ni que decir tiene que mi primera visita será para ti» (carta a san Josemaría, 19-VIII-1930).


Piensa ahora qué haces tú por tus amigos y qué puedes hacer. ¿Intentas ayudarles en todo, incluyendo la alegría de ser cristiano, o a veces pasas un poco? Puede ser un buen momento para revisar tu amor a Dios y a los demás, comenzando por los que están contigo pasando el mes de agosto y los que están en otros lugares. Hoy, para #crecerxaadentro, proponte preguntar a alguno, a alguna, de quien hace tiempo que no sabes nada, cómo le va el verano. Y si con alguien estás un poco mal, aprovecha y arréglalo. Y agradece al Señor tener amigos: hazlo con nombres concretos y reza por ellos para que sean mejores amigos de Jesús y seáis siempre buenos amigos.

Evangelio según san Mateo (17, 14-20)

"Señor, ten compasión de mi hijo”

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo».


Jesús tomó la palabra y dijo: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo».


Jesús increpo al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño.


Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?».


Les contestó: «Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: "Trasládate desde ahí hasta aquí", y se trasladaría. Nada os sería imposible».

Para la lectura


Como san Josemaría dejaba entrar en su corazón a toda la gente, era hombre de muchos amigos. Pero querer a todos no es sinónimo de no decir las cosas claras, sino de decirlas, pero con mucho cariño. Aquí va un ejemplo:

Ningún amigo sale "rana"

Escrivá puede entrar en el corazón de sus amigos, porque antes se los ha metido en su propio corazón. Un cariño noble y sincero le da franquicia a la intimidad de ése y del otro y de aquél... Por ello, su apostolado será siempre personalísimo: «de amistad y confidencia». Y esa amistad leal con los hombres la apoya sobre el firme de una amistad leal con Dios. Él quiere a los hombres por lo que les quiere Dios. Busca en los hombres el rastro de Dios. Por eso, ningún amigo puede salirle «rana».


Josemaría tiene una facilidad prodigiosa para hacer amigos. Pero no es de esos hombres que confunden la amistad con la mera relación social, o con el trato de cortesía. No. Él sigue, atiende y cuida a sus amigos: les visita; les escribe; les invita a su casa; se interesa por su salud y por la marcha de sus trabajos; está al tanto de los sucesos alegres o tristes de su familia; saca tiempo de donde puede para ocuparse de su pequeña o grande necesidad; les hace un favor, si está en su mano; y, si llega la ocasión, da la cara por ellos. En dos palabras: sabe quererlos.

Pedro Cantero Cuadrado, que llegará a ser arzobispo de Zaragoza, es uno de tantos buenos amigos de Escrivá. Lo es desde el primer encuentro fortuito, en aquel viejo caserón de la calle de San Bernardo de Madrid, sede de la Universidad Central, en 1930. Allí, un día de septiembre, en el ajetreo de los exámenes, se conocen los dos jóvenes sacerdotes. «Enseguida –evoca Cantero– se estableció entre nosotros una corriente de confianza mutua. Nos dimos nuestras direcciones. Empezó así una amistad que duraría toda la vida (...). Era una amistad recia y estrecha. Josemaría fue entrando poco a poco en mi alma, haciendo un verdadero apostolado de sacerdote a sacerdote».

Nunca olvidará Pedro Cantero aquel atardecer del 14 de agosto de 1931, cuando inesperadamente Josemaría se presenta en su casa de Madrid. Hace un calor de bochorno y en el cielo de la ciudad aún parece flotar el humo de la violenta quema de iglesias y conventos. Pedro está decidido a dedicar el tiempo a su tesis doctoral. Ha disfrutado de unas vacaciones en Ginebra, donde ha recogido material para esa tesis. Al entrar Josemaría en su cuarto, le sorprende enfrascado en los libros. Pedro le cuenta el plan de su vida. Josemaría le escucha. A continuación, con palabras claras, incisivas y penetrantes, aunque empapadas de afecto y de amistad, le dice:

–Mira, Pedro... estás hecho un egoísta. No piensas más que en ti y en tus estudios. Y no tienes más que abrir los ojos, para ver cómo está la Iglesia hoy en España... y cómo está España misma. Son momentos difíciles, y tú y yo en lo que tenemos que pensar es en el servicio personal que podemos y que debemos prestar a la Iglesia... ¿Tu tesis? ¿Tus libros? Déjame que te diga que ahora lo que hay que hacer es ocuparse en las otras cosas... muy superiores.

A finales de ese mismo verano, Pedro Cantero decide poner entre paréntesis su opción intelectual y universitaria. Habla con Ángel Herrera Oria, y le dice que está a su disposición para trabajar con la recién fundada Asociación Católica de Propagandistas. El exigente consejo de Escrivá imprime un nuevo rumbo a su vida.

«Las palabras de Josemaría me urgían por dentro. Cuando volví a verle y le conté mi decisión, se alegró vivamente. Nuestro trato se hizo más intenso. Me animaba a trabajar incesantemente...».

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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