• Crecer para adentro en vacaciones

8/09: Cumpleaños de la Virgen: ¡Felicidades!

¿Qué tradiciones hay en tu familia? ¿Tienen alguna fecha destacada, alguna costumbre que tiene un sabor especial porque es “vuestra”, algún recuerdo alegre que todos tienen marcado y que comentan con frecuencia? Hoy, #InspirarseEnLosSantos y especialmente en la Virgen que celebra su cumpleaños, nos lleva a seguir las tradiciones de nuestra familia cristiana y quizá hay una que te sorprenda.


Aprender de Jesús #InspirarseEnLosSantos


A lo mejor has visto o leído El señor de los anillos. Entre los hobbits es costumbre que sea el que celebra el cumpleaños el que hace los regalos. Cuando uno lee esto en el comienzo del libro se puede sorprender. Pero después uno se da cuenta de que en el Cielo es parecido. Es como una tradición que el día del cumpleaños sean los festejados los que reparten a manos llenas esos favores, esos regalos. Lo vemos el día de Navidad, donde es Jesús el que reparte su gracia y sus regalos. Hoy celebramos el cumpleaños de la Virgen, y también es Ella la que regala: solo está esperando a que le pidamos algo para darnos “eso” o algo mejor que nos conviene más para acercarnos más a su Hijo. ¿Qué le pides? ¡Qué suerte tenemos de pertenecer a esta familia tan especial!


Y para seguir esta tradición de nuestra familia, vamos a pedir a la Virgen a su manera: no solo para nosotros, sino especialmente para los demás: por la familia, los amigos, los compañeros de colegio o de universidad… y vamos a ser generosos en pedir por los demás, ahora que nuestra Madre está de fiesta: le pedimos por tantas personas que este año han sufrido por las distintas crisis que hemos tenido: por los que han perdido su trabajo, por aquellos que han perdido algún familiar o persona cercana, por quienes han tenido más dificultades… Que estos momentos de dificultades sirvan para acercarse un poco más a Jesús, para confiar más en Dios. Hoy miramos a la Virgen para #crecerxaadentro y seguimos su ejemplo, como nos aconseja san Josemaría:


Un consejo de san Josemaría #InspirarseEnLosSantos

María, Maestra de oración. —Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. —Y cómo logra. —Aprende.

Camino, n. 502


Un reto #InspirarseEnLosSantos


Ya está terminando el verano, y quedan pocos días para comenzar las clases, el trabajo, y volver a la normalidad. ¿Qué deseas para este curso? ¿Qué crees que Santa María está esperando de ti? La Virgen quiere darnos un regalo el día de su cumpleaños, y está esperando con ansias que vayamos a pedirle eso que tenemos en el corazón. Pero siendo su cumpleaños… también es lógico que quieras darle alguna sorpresa. Por eso, el reto de hoy para #InspirarseEnLosSantos es triple: primero, pensar algún regalo para la Virgen en su cumpleaños (una oración especial, más atención -que es cariño- en las oraciones a la Virgen que ya rezas, llevarle flores a una imagen de la Virgen, un pequeño sacrificio en su honor…); segundo, pedir que te cumpla un deseo para este año; y tercero, rezarle (algo, lo que quieras) por los que más lo necesiten. Al #crecerxaadentro ya sabrás que todo lo que pidas con fe a la Virgen, como buena Madre, te lo conseguirá: eso o algo mejor. Confía.

Evangelio según san Mateo (1, 1-16. 18-23)

Lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Aram; Aram, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.


David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboam; Roboam, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Joram; Joram, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatam; Joatam, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.


Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacim; Eliacim, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquim; Aquim, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.


Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros».

Para la lectura


San Josemaría sabía que acudir a la Virgen era garantía del éxito, porque ella siempre conseguía de Jesús lo que es mejor para nosotros. En 1935 hizo una romería con otros dos miembros de la Obra al santuario de Sonsoles, en Ávila, y siempre guardó este recuerdo en su memoria, tanto, que se convirtió en una tradición en su vida, y en la de toda la Obra. Así se recuerda en esta lectura:

La "romería de mayo": el origen de esta costumbre en el Opus Dei

San Josemaría hizo una romería al Santuario de la Virgen de Sonsoles el 2 de mayo de 1935. Aconsejó, desde entonces, a todos los fieles del Opus Dei, que incorporasen en sus vidas la costumbre filial de acudir -en el mes de mayo- a honrar a la Virgen María en algún santuario mariano. Le acompañaron Ricardo Fernández Vallespín, estudiante de penúltimo curso de Arquitectura y José María González Barredo.


El año anterior, Ricardo había sufrido un ataque de reumatismo tan agudo que, si se prolongaba, no le permitiría presentarse a examen en la Escuela de Arquitectura. Pidió por su pronto restablecimiento e hizo una promesa a la Virgen. Pasó el examen, y cuando se lo contó a don Josemaría, pertenecía ya a la Obra, y el Fundador le dispensó de su cumplimiento, ya que la promesa requería desplazarse de Madrid a Ávila andando.


Y ahora, cuando se acercaba el final de curso y contaba en Ferraz con un buen plantel de gente joven, don Josemaría hizo suya la idea de Ricardo. Quería agradecer a Nuestra Señora, de una manera especial, los favores que de ella habían recibido ese curso. Iría acompañado de Ricardo y de José María González Barredo a Sonsoles el dos de mayo.


Decidida la marcha a Sonsoles -cuenta San Josemaría-, quise celebrar la Santa Misa en DYA antes de emprender el camino de Ávila. En la Misa, al hacer el memento, con empeño muy particular -más que mío- pedí a nuestro Jesús que aumentara en nosotros -en la Obra- el Amor a María, y que este Amor se tradujese en hechos. Ya en el tren, sin querer, anduve pensando en lo mismo: la Señora está contenta, sin duda, del cariño nuestro, cristalizado en costumbres virilmente marianas: su imagen, siempre con los nuestros; el saludo filial, al entrar y salir del cuarto; los pobres de la Virgen; la colecta de los sábados; omnes... ad Jesum per Mariam ; Cristo, María, el Papa... Pero, en el mes de mayo, hacía falta algo más. Entonces, entreví la "Romería de Mayo", como costumbre que se ha de implantar -que se ha implantado- en la Obra (Vázquez de Prada, pág. 547).


El 2 de mayo salieron en tren hacia Ávila desde la estación Príncipe Pío de Madrid. Ávila, vieja ciudad castellana rodeada de murallas, está situada sobre una colina que bordea el río Adaja, entre las llanuras del Amblés y de La Nava. La estación del ferrocarril se encuentra fuera de las murallas, en una de las zonas de expansión de la ciudad.


Desde la estación, bajaron una empinada cuesta hasta el convento de Santo Tomás, de los dominicos. En ocasiones, San Josemaría contaba la anécdota que dio nombre a ese repecho: Cuando hicimos la primera romería, bajamos una pendiente que tantas fatigas causa a quien sube desde el convento de Santo Tomás hasta Ávila. La llaman la cuesta de los tres conques, porque cuentan que antiguamente, al salir del convento, los buenos frailes mirando la pendiente comentaban: con que estamos subiendo la cuesta... Al llegar a la mitad se paraban a respirar un poco y decían: con que estamos a la mitad de la cuesta... Por fin, cuando se hallaban en lo alto, jadeantes por el esfuerzo, se miraban satisfechos y exclamaban: con que ya hemos terminado la cuesta...


El Santuario de Sonsoles dista de la ciudad unos cuatro kilómetros. El camino es llano y polvoriento, y al principio discurría entre caminos de cereales y rojizos barbechos. La ermita está situada sobre un alto que rompe levemente la monotonía de la extensa llanura.

En aquella romería, (...) mientras caminábamos hacia la ermita de Sonsoles, pasamos junto a unos campos de trigo. Las mieses brillaban al sol, mecidas por el viento. Vino entonces a mi memoria un texto del Evangelio, unas palabras que el Señor dirigió al grupo de sus discípulos: ¿No decís vosotros: ea, dentro de cuatro meses estaremos ya en la siega? Pues ahora yo os digo: alzad vuestros ojos, tended la vista por los campos y ved ya las mieses blancas y a punto de segarse (Ioh IV, 35.). Pensé una vez más que el Señor quería meter en nuestros corazones el mismo afán, el mismo fuego que dominaba el suyo. Y, apartándome un poco del camino, recogí unas espigas para que me sirvieran de recordatorio (Es Cristo que pasa, n. 146).

En la parte final del trayecto, el camino serpea para salvar las irregularidades del terreno. Habían acabado la primera parte del Rosario, y abandonaron la senda principal para tomar un atajo.


Desde Ávila -cuenta San Josemaría-, veníamos contemplando el Santuario, y -es natural-, al llegar a la falda del monte desapareció de nuestra vista la Casa de María. Comentamos: así hace Dios con nosotros muchas veces. Nos muestra claro el fin, y nos le da a contemplar, para afirmarnos en el camino de su amabilísima Voluntad. Y, cuando ya estamos cerca de El, nos deja en tinieblas, abandonándonos aparentemente. Es la hora de la tentación: dudas, luchas, oscuridad, cansancio, deseos de tumbarse a lo largo... Pero, no: adelante. La hora de la tentación es también la hora de la Fe y del abandono filial en el Padre-Dios.


¡Fuera dudas, vacilaciones e indecisiones! He visto el camino, lo emprendí y lo sigo. Cuesta arriba, ¡hala, hala!, ahogándome por el esfuerzo: pero sin detenerme a recoger las flores, que, a derecha e izquierda, me brindan un momento de descanso y el encanto de su aroma y de su color... y de su posesión: sé muy bien, por experiencias amargas, que es cosa de un instante tomarlas y agostarse: y no hay, en ellas para mí, ni colores, ni aromas, ni paz.


Cuando llegaron a la ermita, San Josemaría sugirió que cada uno pidiera algo a la Virgen, y rezaron la parte del Rosario del día a los pies de la Virgen de Sonsoles. En el camino de regreso a Ávila, que hicieron también a pie, rezaron la tercera parte del Rosario de la que refiere San Josemaría una pequeña anécdota: al volver, mientras rezábamos ¡en latín! el Santo Rosario, voló, atravesando el camino, una abubilla. Me distraje, y -grité- ¡una abubilla! Nada más: seguimos nuestro rezo; yo, un poco avergonzado. ¡Cuántas veces los pájaros de una ilusión mundana quieren distraernos de tus apostolados! Con tu gracia, no más, Señor.


Del libro El Fundador del Opus Dei II, de Andrés Vázquez de Prada

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