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9/08: Jesús, ¡enséñame a hacer oración!

Todos hemos tenido que aprender a rezar, incluso cuando se trataba de aprender de memoria el Padrenuestro o el Avemaría. Quizá lo aprendiste de tu madre y de tu padre, o de tu abuela, o de un buen sacerdote, o de tu profe, o de… Seguro que lo aprendiste de alguien. Y cuando nos ponemos a hacer oración pasa lo mismo: alguien tiene que enseñarnos a #HablarConDios para que podamos #crecerxaadentro.


Aprender de Jesús para #HablarConDios


Quizá alguna vez hayas oído hablar de los “maestros de oración”, esos hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han sido grandes amigos de Dios aquí en la Tierra y, por eso, son quienes mejor nos pueden enseñar a hablar con Jesús en nuestra oración. Y ¿sabes quién es el maestro por excelencia? ¡Pues Dios mismo! ¿Quién sino Jesús nos puede mostrar cómo tratar a Dios Padre con la ayuda del Espíritu Santo? Suena complejo, ¿verdad? Pero en realidad es muy sencillo. Tan sencillo que hasta los Apóstoles -que no eran precisamente unas lumbreras- supieron darse cuenta de esto. Veían que Jesús hacía oración, que hablaba con el Padre, que se iba un poco a parte para rezar, a veces, toda la noche… y un día se quedaron tan admirados de verle rezar que uno de los apóstoles le pidió directamente: “Enséñanos a orar”. Esto mismo lo puedes hacer tú: pedirle a Jesús que te enseñe a hacer oración. Es lo que te recomienda san Josemaría, que es un auténtico maestro de oración: que sigas el ejemplo de los Apóstoles, que le pidas a Jesús que te enseñe a tratarle, a hablarle. Y, si ves que ni aún así te sale pues, aquí tienes un buen consejo de quien bien puede ser tu maestro de oración:


Un consejo de san Josemaría para #HablarConDios

¿Que no sabes orar? —Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: "Señor, ¡que no sé hacer oración!...", está seguro de que has empezado a hacerla.

Camino, n. 90.


Un reto para #HablarConDios


Hoy puede ser el día ideal para que te decidas a hacer oración de verdad. No importa si antes ya lo habías hecho alguna vez. Siempre es bueno volver a Jesús y pedirle que te enseñe a hacer mejor tu oración, a tratarle mejor, a conocerle más, a estar más cerca de Él, de Dios que es tu Padre, que te enseñe a dejarte moldear por el Espíritu Santo. Parecen cosas difíciles, pero no lo son tanto, porque el Señor está deseando que le pidas ayuda para saber tratarle mejor. Díselo claramente a Jesús: ¡quiero hacer mejor mi oración! Y si no sabes por dónde empezar, quizá te sirva escuchar el audio de Rezarhoy o de 10minutosconjesus (enlaces abajo de todo de esta página), procurando orar con la meditación, como hacían los primeros que siguieron a san Josemaría y que tanto les ayudó para aprender a #HablarConDios (como podrás ver en la lectura).

Evangelio según san Mateo (14, 1-12)

Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»

El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Para la lectura


San Josemaría es realmente un maestro de oración: ¡de los grandes! Prácticamente todos sus libros sirven para rezar. Y en muchos de ellos no hace más que enseñar o ayudar a hacer oración. Era esa su experiencia como sacerdote. Desde que empezó a rodearse de estudiantes cuando el Señor le hizo ver que debía fundar el Opus Dei, dedicó muchas horas a predicarles meditaciones (como esas que quizá habrás escuchado en algún centro o club de la Obra). Aquí verás el testimonio de esos estudiantes, varios de los cuales luego vieron su vocación al Opus Dei, de cuando san Josemaría les enseñaba a tratar a Jesús con sus meditaciones allá por 1930.

Maestro de Oración

El tipo paradigmático en la predicación de san Josemaría son las meditaciones. Este género, clásico en la oratoria espiritual, lo empleaba de una forma muy personal, muy viva. No era una simple plática, sino que procuraba llevar a sus oyentes hacia la oración mental, por la vía de la meditación.


Hablaba casi siempre en una capilla u oratorio y ante el sagrario, de ordinario durante una media hora o un lapso de tiempo similar, en el que procuraba meditar, y hacer meditar a los asistentes, al hilo de sus palabras, sobre algún aspecto de la vida cristiana, y fomentar así propósitos concretos, personales. En palabras suyas, dirigidas a los sacerdotes del Opus Dei: El sacerdote que dirige la meditación, ha de tener presente que hace entonces su oración personal, cuajando en ruido de palabras— como suelo decir — la oración de todos, ayudando a los demás a hablar con Dios — si no, se está perdiendo el tiempo — , dando luz, moviendo los afectos, facilitando el diálogo divino y, junto con el diálogo, los propósitos.


En el caso específico de san Josemaría, solía partir de la consideración de alguna escena del Evangelio, sobre la que volvía a lo largo de la media hora, para situar a quienes le escuchaban delante de Cristo y facilitar que Él les interpelara personalmente. Se dirigía en singular a los oyentes, aunque fueran muchos. Así lo mencionan algunos de los que le escucharon: «La exposición de las meditaciones era un estilo directo, muy bíblico y con interpretación muy práctica de la Palabra de Dios. Solía hablar en singular y con la expresión que te tenía atento: “¡Mira!, a ti te digo”, ayudaba a fijarse» [Félix Carmona OSA].


«Lo vital de estas sus charlas estaba en que no explanaba sus pensamientos con palabras redondeaditas y conceptos alambicados, ni tampoco con eslóganes de la sabiduría humana, sino con los y las que le salían del corazón portando sus propias vivencias oracionales. Recalcó mucho sobre la [oración] personal de tú a tú, de plena confianza con el Señor» [José Llamas Simón].


José Luis Soria, que convivió con san Josemaría en Roma en los últimos años de su vida, anota que «predicaba con calma, espaciando y dando peso a sus palabras, y ayudaba a hacer oración también con sus silencios».


Y así lo describe Eduardo Alastrué, que le escuchó en multitud de ocasiones, antes, durante y después de la Guerra Civil Española: «Todos estábamos pendientes de sus palabras y con razón, porque allí se nos hablaba un lenguaje nuevo, (…) vivo, actual, eficaz; no desdeñaba modismos populares y empleaba las voces, las frases que oíamos en nuestras casas, en las aulas, en la calle. De él estaba ausente por completo toda vana retórica y, sin embargo, tenía un noble y grato sonido, quizás porque resultaba la expresión directa de verdades grandes y elevadas. Tenía, en mi opinión, este estilo oral del Padre un rasgo muy peculiar: afluían en él, espontáneamente, términos sabrosos y castizos que le prestaban un característico acento varonil. Sí, era un lenguaje varonil, recio, coloreado por esas palabras contundentes y expresivas que usa el pueblo en su trato común y, por tanto, infaliblemente ameno. Puesto al servicio de su ardoroso espíritu, su efecto era seguro».


Extracto de la introducción de la edición histórico-crítica de “En Diálogo con el Señor”, elaborada por Luis Cano y Francesc Castells.

Para otro rato de oración te pueden servir (toca la imagen para ir a su canal de YouTube):



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