• Crecer para adentro en vacaciones

9/09: Si cambias tú, cambias el mundo

Sobre la tumba de un inglés llamado Wilson hay un epitafio que dice: "de niño me propuse cambiar el mundo; cuando fui joven quise cambiar mi país; cuando pasé a ser adulto me conformaba con cambiar a mi familia. Y ahora que estoy a punto de morir he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás". Si has orado con los posts de #crecerxaadentro, esperamos que hayas mejorado mucho en tu vida cristiana y Jesús se pueda apoyar en ti para cambiar el mundo y hacer cosas grandes en ti y por ti! Con este post, nos despedimos: seguimos en Instagram con breves consejos de san Josemaría. Si quieres contactar con algún sacerdote del Opus Dei, solo tienes que escribirnos.


Aprender de Jesús #VivirConAlegría


Como es el último día de #crecerxadentro en vacaciones, nos puede ayudar hoy meternos en el final del Evangelio de san Juan. Jesús se encuentra por última vez con los Apóstoles a las orillas del lago de Genesaret, toma del brazo a san Pedro y en contraste con las tres veces que le había negado, ahora le pregunta por tres veces si le ama: "Pedro, ¿me amas?" Ante la triple respuesta afirmativa de Pedro, Jesús le confía el Primado entre los Apóstoles. Seguramente, Pedro recuerda con emoción y responsabilidad las palabras de Jesús: “Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”. La escena es preciosa y tiene el sabor de una despedida, porque el Evangelio concluye así: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús y que, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir”. Al releer estas palabras del Evangelio quizá también nosotros podemos decir que estos días de verano, en los que hemos hecho muchas cosas y hemos procurado rezar un poco cada día viviéndolos con Jesús, han sido sencillamente estupendos y nos han ayudado a #VivirConAlegría. ¿Sabes por qué? A lo mejor san Josemaría te da la clave de por qué ha sido así:


Un consejo de san Josemaría #VivirConAlegría

Estos días –me comentabas- han transcurrido más felices que nunca. –Y te contesté sin vacilar: porque “has vivido” un poco más entregado que de ordinario.

Surco, 7


El reto de hoy #VivirConAlegría


Esperamos que estas vacaciones también hayan transcurrido más felices que nunca. Los ratos de oración te habrán ayudado a #crecerxaadentro en muchos aspectos, pero ya ves que san Josemaría te lo resume todo en vivir un poco más entregada, un poco más entregado. Este es el reto de hoy: poner en práctica lo que nos dice san Josemaría en el punto de Surco de acabamos de leer viviendo desde ahora un poco más entregados que de ordinario, un poco más entregados cada día. Y para conseguirlo ya sabes que necesitas la ayuda de la gracia de Dios y el consejo de la dirección espiritual, que nos orienta y nos ayuda a recuperar el camino cuando nos desviamos y a crecer en nuestra amistad con Dios. Por esa razón, ahora que acaban las vacaciones actualiza tu plan de oración, no dejes de acudir con frecuencia a la confesión y al consejo de la dirección espiritual y sigue recibiendo al Señor en la Eucaristía el domingo y, si puedes, ¿por qué no más días? Quizá como a san Pedro, también sientes ahora que Jesús te pregunta: ¿me amas? Y quizá, como a él, te quiere poner a ti como el primero o la primera entre tus amigas y amigos, te quiere poner como el servidor de todos, para contagiarles tu alegría de una vida vivida con Dios. Si dices que sí a Dios, también de ti se podrá decir -glosando el final del Evangelio de san Juan- que habrás hecho tantas cosas buenas por los demás que el mundo no puede contener los libros que se tendrían que escribir. Si tú vives más entregada, más entregado, a Dios y a los demás, cambiará el mundo.


Esperamos haberte ayudado. Hemos puesto el corazón en intentarlo y, sobre todo, mucha oración. Gracias. Sí: ¡muchas gracias! ¿Sabes por qué te damos las gracias? Porque compartimos la misma ilusión de Jesucristo: que todos se salven. Y estamos seguros de que quieres sumarte a que "eso" sea posible. Así que ¡gracias! Y no olvides que...
Que Dios nos ame es lo mejor que nos podría haber ocurrido nunca. Y Él te ama, con locura. Sé feliz. Solo tienes que #crecerxaadentro y encontrarle.

Evangelio según san Juan (6, 20-26)

También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

Para la lectura


Aunque no ha sido lo habitual, la lectura de hoy no cuenta un episodio de la vida de san Josemaría. Se trata de un texto que te puede ayudar a no olvidar que en la vida no estás sola o solo, que siempre cuentas con Dios y Dios cuenta contigo. Tu vida, tu historia, la podéis escribir juntos:

Y las cosas irán mucho mejor

La santidad no consiste en el cumplimiento de un conjunto de normas. Es la vida de Cristo en nosotros. Por eso, más que en hacer, está en dejar hacer, en dejarse llevar; pero correspondiendo. «Tú, cristiano, y por cristiano hijo de Dios, has de sentir la grave responsabilidad de corresponder a las misericordias que has recibido del Señor, con una actitud de vigilante y amorosa firmeza, para que nada ni nadie pueda desdibujar los rasgos peculiares del Amor, que Él ha impreso en tu alma».


Cuando luchamos por ser santos, el hilo de nuestra voluntad se encuentra con el hilo de la Voluntad de Dios y se entrelaza con él para formar un tejido único, una sola pieza que es nuestra vida. Esa trama ha de ir haciéndose cada vez más densa, hasta que llegue un momento en que nuestra voluntad se identifique con la de Dios, de tal modo que no seamos capaces de distinguir una de la otra, porque quieren lo mismo.


Casi al final de su vida en la tierra, Jesús confía a San Pedro: «en verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo y te ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras» [3]. Antes te apoyabas en ti, en tu voluntad, en tu fortaleza; antes pensabas que tu palabra era más segura que la mía [4]... y ya ves los resultados. A partir de ahora te apoyarás en Mí y querrás lo que Yo quiera... y las cosas irán mucho mejor.


La vida interior es una tarea de la gracia que requiere nuestra cooperación. El Espíritu Santo sopla e impulsa nuestra barca. Para nuestra correspondencia disponemos de dos remos, por decirlo de algún modo: de una parte, nuestro esfuerzo personal; de otra, la confianza en Dios, la seguridad de que Él no nos deja. Los dos remos son necesarios y hemos de desarrollar los dos brazos si queremos que la vida interior avance. Si falla uno, la barca gira sobre sí misma, es muy difícil de gobernar; el alma camina entonces como a la pata coja: no avanza, se agota, termina por desfallecer y cae fácilmente.


Si falta la decisión eficaz de luchar, la piedad es sentimental, las virtudes escasean: el alma parece llenarse de buenos deseos, que resultan sin embargo ineficaces cuando llega el momento del esfuerzo. Si, en cambio, todo se confía a una voluntad fuerte, a la decisión de lucha sin contar con el Señor, el fruto es aridez, tensión, cansancio, hastío de una pelea que no trae peces a las redes de la vida interior y del apostolado: el alma se encuentra, como Pedro y sus compañeros, en la noche infructuosa.


Si advertimos que algo de esto nos sucede, si a veces caemos en desánimos por apoyarnos demasiado en nuestro conocimiento o experiencia, en nuestra voluntad decidida y fuerte... y poco en Jesucristo, pidamos al Señor que suba a nuestra barca. Nos importa mucho su presencia; mucho más que los resultados de nuestro esfuerzo. Es de notar que el Señor no promete una gran pesca, y Simón no la espera. Pero advierte que de todas maneras vale la pena trabajar por el Señor: «in verbo autem tuo laxabo retia».


Texto Fiarse de Dios, en www.opusdei.org.

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