• Crecer para adentro

Día 17 - Apostolado "digital"

Actualizado: abr 1

¡Muchos de tus amigos te necesitan! Esperan oír de nuevo tu voz, leer tus mensajes y saber más de ti en estos momentos difíciles y un poco aburridos. Tú puedes ser el instrumento que Dios necesita para hacerles #crecerxaadentro y abrirles horizontes de servicio, de generosidad, de creatividad, de oración, de sensibilidad hacia el dolor propio o ajeno, de optimismo y esperanza.


El consejo de hoy es...

Seguramente te has fijado en cómo Jesús cuidaba de sus apóstoles: les hacía favores, los sacaba a pasear, los hacía descansar después de trabajar mucho por las almas, les explicaba las cosas a solas… Es Jesús quien nos ha enseñado a ser buenos amigos de nuestros amigos. Y por eso los santos siempre se han comportado así. ¡Y ahora te necesitan quizá más que nunca! San Josemaría lo experimentó mucho durante sus meses de confinamiento en la Legación de Honduras. ¿Sabías que redactó durante su vida más de 14.000 cartas, sin contar las muchas que se perdieron a causa de la Guerra Civil? Su cariño le llevaba a redactar esas cartas a familiares y amigos, para saber de ellos, animarles y aprender. Quiso estar siempre cerca, no sólo con la oración sino también con la presencia física de sus letras. Por eso, con esa enorme experiencia, escribió en Camino:


"La carta me cogió en unos días tristes, sin motivo alguno, y me animó extraordinariamente su lectura, sintiendo cómo trabajan los demás". —Y otro: "Me ayudan sus cartas y las noticias de mis hermanos, como un sueño feliz ante la realidad de todo lo que palpamos..." —Y otro: "¡Qué alegría recibir esas cartas y saberme amigo de esos amigos!" —Y otro y mil: "Recibí carta de X. y me avergüenza pensar en mi falta de espíritu comparado con ellos". ¿Verdad que es eficaz el "apostolado epistolar"?

Camino, n. 977.


Propósito del décimo séptimo día

¡Aprovecha la oportunidad! Las videollamadas (o al menos los mensajes) que le haces con tus amigos son ahora una ocasión todavía más grande para demostrarles tu cariño —venciendo la pereza, las ganas de ver una serie o de “pasar de todo un rato”— y pensar en los demás. San Josemaría lo llamaba apostolado epistolar, porque escribía cartas. Tú puedes llamarlo “apostolado digital”, porque hoy escribimos whatsapps y hacemos videollamadas. El reto de hoy es que pienses con el Señor en la oración qué amigos te necesitan y les llames. Podrás contarles cómo aprovechas estos días para #crecerxaadentro. ¡Ya verás qué eficacia!

Evangelio según san Juan 8, 31-42

Si el Hijo os hace libres, sois realmente libres

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:


«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».


Le replicaron:


«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».


Jesús les contestó:


«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».


Ellos replicaron:


«Nuestro padre es Abrahán».


Jesús les dijo:


«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».


Le replicaron:

«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».


Jesús les contestó:


«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

Vicente Rodríguez Casado era uno de los chicos que antes de la guerra frecuentaba la residencia de la Obra donde conoció a San Josemaría. Era en aquellos momentos un joven estudiante de Historia, de carácter inteligente, generoso y bonachón. La guerra estalló al poco tiempo de pedir la admisión en el Opus Dei quedándose recluido casi dos años. Y él también quedó confinado todo ese tiempo en un pequeño piso de Madrid, en la Legación de Noruega, y sin relación con los demás miembros de la Obra. Hasta que Isidoro Zorzano dio con él y lo "puso en contacto" con todos.

Ánimo por carta desde el confinamiento

Durante el periodo bélico Vicente Rodríguez Casado estuvo refugiado en la Legación de Noruega casi dos años. Llevaba en el Opus Dei seis meses. El inmueble se encontraba en la calle Abascal 27, en el barrio de Chamberí. En septiembre y octubre de 1936 se había llegado desde un núcleo inicial de quince personas hasta unas novecientas. Dejemos que sea el cónsul quien describa la situación:


«Ahora, imagínense lo que representan novecientas personas a quienes hay que acomodar en una casa de pisos de alquiler. Luego, pensemos en que esas personas no podían dar siquiera un paso fuera de la casa, sin correr peligro de muerte o al menos privación de libertad; pensemos también que estaban mezcladas al azar procedentes de todos los niveles sociales y –por tanto– de muy distintos modos de relacionarse, pasando la noche y el día encerrados en los mismos cuartos [...]. A esto hay que añadir las temperaturas diarias de Madrid, que en invierno a veces descienden a varios grados bajo cero, sin calefacción para combatirlo... ¡Y aún era, sin duda, peor el verano, con un calor que alcanzaba los cuarenta grados a la sombra! Quien sea capaz de hacerse cargo de lo que fue esta realidad, podrá tener una idea de los problemas originados por tan terrible situación».


A pesar de todo, el Gran Refugio funcionaba. Cada una de las doce viviendas eran ocupadas por sesenta y cinco a ochenta personas; equipada cada una con dos cuartos de baño y un pequeño retrete. La casa contaba con grandes cocinas con dos fogones cada una. Schlayer [el cónsul] consiguió perfeccionar un sistema de aprovisionamiento de víveres que llegaba hasta Valencia. La dieta, teniendo en cuenta la situación, era variada y notablemente mejor de las comidas que se hacían en el Madrid libre. Se dormía en colchones por el suelo, en habitaciones de ocho a doce hombres o mujeres. Durante el día se enrollaban los colchones y se disponían mesas y sillas confeccionadas por el «servicio de carpintería» interno.


¿Cuál era la situación anímica del joven Rodríguez Casado en aquel encierro? En carta de agosto de 1937 al fundador del Opus Dei expresa que convivía con «ochenta señores». Sus movimientos, como sabemos, estaban muy restringidos. Una importante válvula de escape la constituía la biblioteca. De hecho estudió mucho, sobre todo idiomas e historia, consolidando unos hábitos y conocimientos que le serían muy útiles en el futuro. Quizás sus padecimientos interiores más fuertes provenían de la desconexión total con las personas de la Obra. Las circunstancias extremas que habían acompañado el ingreso en la Legación impidieron durante algunos meses la comunicación con el exterior. A nivel espiritual no le faltaba un confesor. Hito importante de su vida lo constituyó el día que pidió permiso al Jefe de piso para ir a otro donde se celebraba la Misa, a la que asistían diez o doce personas. Aquello le dio nuevos bríos. En enero de 1937 recibieron la visita de Amparo Rodríguez Casado. Llegaban noticias tristes como la muerte de uno de la residencia en el frente, José María Isasa. Vicente pidió a su hermana que se pusiera en comunicación con algún miembro del Opus Dei. Desde aquel momento Isidoro Zorzano —miembro de la Obra que gozaba de cierta libertad por tener ciudadanía argentina— lo visitó regularmente. Constituían una inyección de afecto y de preocupación por su salud. Así describe Rodríguez Casado a Escrivá la llegada de Zorzano:


Y vino Isidoro, que con su humildad, le abrí mi corazón y me lo consoló. El Espíritu Santo le iluminó y habló tan acertadamente como si nunca hubiera hecho otra cosa. Me hizo comprender todas las faltas y en su verdadera magnitud y al mismo tiempo me consoló de tal forma, que fui otro. Ya estaba unido con todos.


Es conocida la labor de enlace entre los miembros de la Obra y sus familias que desempeñó en Madrid durante meses Isidoro Zorzano, ejemplificando con heroísmo el mejor rostro humano que suelen provocar todas las guerras. Ciertamente la preocupación por Rodríguez Casado fue una de sus prioridades: con sus dieciocho años, el impulsivo y sentimental joven se estaba desmoronando física, psíquica y también espiritualmente. Zorzano procuró activamente mejorar la dieta alimenticia de Vicente, al que veía adelgazar peligrosamente («lo que entonces hizo Isidoro para conseguirme un suplemento de alimentación no es para ser descrito [...]. Le suplicaba y le rogaba que no trajese más, porque a mí me daba cargo de conciencia aceptarlo de él [...] que estaba materialmente reducido a los huesos»). Le puso además en contacto epistolar con otros miembros de la Obra, le llevó la Comunión, y le trasmitió el contenido de las meditaciones que predicaba Escrivá en la Legación de Honduras. El 31 de agosto de 1937 San Josemaría abandonó el encierro de Honduras, y permaneció en la capital hasta el 7 de octubre. Una de sus premuras fue visitar a Vicente.


En su primer encuentro Vicente reconoció a San Josemaría Escrivá de Balaguer por la voz, tan desmejorado estaba físicamente que al verle no se percató. Los sucesivos encuentros se desarrollaron en el garaje de la Legación, lugar al que tenía libre acceso Rodríguez Casado por ser uno de sus encargos cuidar de ese espacio: «sentados en un coche, le daba la meditación. Después tenían una larga conversación». Los primeros meses de 1938 fueron movidos: D. Josemaría, tras cruzar el frente por Andorra con un grupo de evadidos (entre los que se contaban algunos fieles del Opus Dei y amigos), fijó su residencia en Burgos, capital administrativa del bando nacional y seguía muy de cerca a los refugiados en Madrid.

Mientras tanto, Vicente Rodríguez Casado esperaba órdenes y escribía a San Josemaría, en Burgos, con un estilo apto para burlar la censura: «Como Vd. se puede imaginar en este mes que ha hecho dos añazos o, añitos –a elegir– que nos conocemos, no he cesado de pensar en Vd. “en sus cosas”, y en su familia». Se advierte una lozanía de espíritu tras la crisis de los primeros meses de encierro. De todas maneras, la situación de Vicente no podía continuar. Así lo expresó Álvaro Del Portillo —otro miembro de la Obra— en una relación de aquellos momentos: «Aunque [Vicente] come ahora algo mejor, sigue adelgazando cada vez más. Pensamos que es necesario que salga cuanto antes, para que pueda gozar, por un lado, del aire y del sol de la calle, de la libertad de movimientos, etc. Por otro, y muy principalmente, dejará de estar solo, pasando a disfrutar del ambiente familiar, del calorcillo de hogar de la Obra que nosotros le podemos prestar».


Isidoro Zorzano fue a ver a Vicente Rodríguez Casado a la Legación de Noruega y le llevó una documentación simulada a nombre del hermano de Álvaro, José Del Portillo. El 22 de julio de 1938 Vicente Rodríguez Casado abandonó la Legación y se presentó a la caja de reclutas con el nombre falso y fue admitido en servicios auxiliares. Alegó colitis maligna y le dieron diez días de rebaja en el servicio. Ahora tenía que administrar la libertad…


Fragmento del artículo "Vicente Rodríguez Casado: niñez, juventud y primeros años en el Opus Dei (1918-1940)" de Luis Martínez Ferrer.

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