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Día 24 - ¡Que os queráis!

Este es el reto de Jesús para #crecerxaadentro: “que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Y lo mejor es que Él mismo te da las fuerzas de su corazón de Dios para que puedas querer a los demás como Él nos quiere.


El consejo de hoy es...

Quizá alguna vez hayas estado en una cena de despedida. El Señor también lo hizo: fue al final de su última Pascua, que quiso celebrar reunido con los Doce. ¿Y qué les dijo Jesús a modo de último despedida? “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado, en esto conocerán todos que sois mis discípulos”. Les da un mandamiento nuevo: el mandamiento del amor. Y para que quedase bien grabado en la memoria de sus discípulos y en la de cada uno de nosotros, se levantó y lavó los pies a cada uno de los apóstoles. Funcionó. San Juan, el más joven de los apóstoles, lo recordará toda la vida y por eso lo escribe ya desde su primera carta: “En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros; por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”. Y es que el amor, el amor verdadero que te hace #crecerxaadentro, se manifiesta hacia fuera, dando la vida por los demás. ¿Pero como se traduce ese “dar la vida”? Estas palabras de san Josemaría te pueden dar ideas:

¡Con cuánta insistencia el Apóstol San Juan predicaba el mandatum novum! —"¡Que os améis los unos a los otros!" —Me pondría de rodillas, sin hacer comedia —me lo grita el corazón—, para pediros por amor de Dios que os queráis, que os ayudéis, que os deis la mano, que os sepáis perdonar. —Por lo tanto, a rechazar la soberbia, a ser compasivos, a tener caridad; a prestaros mutuamente el auxilio de la oración y de la amistad sincera.

Forja, n. 454.


Propósito del vigésimo cuarto día

Hay muchos modos de querer, de ayudar, de dar la vida, de servir. Ahora lo vemos de un modo más especial en tantas personas que están ayudando, dando su vida por los demás. Los agentes sanitarios arriesgando su vida por tantos enfermos, aliviando el sufrimiento de cada paciente y acompañándoles con su presencia y su cariño cuando sus familiares, en muchos casos, no pueden estar a su lado. No se limitan a cumplir con su estricto deber: se exceden, para que cada persona se sienta no solo bien atendida, sino querida. Y lo mismo se puede decir de muchas otras personas: padres y madres de familia, transportistas, profesores, cajeros de supermercado, personal de farmacias, sacerdotes, kiosqueros, policías...


También tú puedes amar con detalles pequeños pero que hacen que los demás se sientan queridos. Sí: #crecerxaadentro es ser creativos en el amor, ahora en casa y desde casa. El reto de hoy es vivir el mandamiento nuevo del Señor en tu hogar, pensando algunos pequeños actos de amor ahora que estás confinado entre cuatro paredes, para que lleves la alegría a los de tu familia, a las personas que quieres. En tu oración hoy, piensa en Jesús en la Última Cena, que se nos dio por entero en la Eucaristía, pero también le lavó los pies a los Apóstoles. Eso es darse de verdad ¡Eso es cumplir con el reto que nos plantea Jesús!

Evangelio según san Mateo 26, 14-25

El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero ¡ay del que va a entregarlo!

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:


«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».


Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.


El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:


«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».


Él contestó:


«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».


Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.


Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:


«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».


Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:


«¿Soy yo acaso, Señor?».


Él respondió:


«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».


Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:


«¿Soy yo acaso, Maestro?».


Él respondió:


«Tú lo has dicho».

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

Cuando san Josemaría pudo salir por fin de sus muchos confinamientos durante la Guerra Civil, pudo acercarse a la Academia DYA —la academia de estudiantes que había puesto en Madrid— y comprobó con pena que había quedado destruida a causa de la contienda. Pero allí, entre los escombros, encontró el cartel que había mandado colgar en la sala de estudio por ser la esencia de los cristianos.

Un mandamiento colgado en la pared

En la primavera de 1939, el Opus Dei salía de la Guerra Civil española con un grupo reducido de personas, encabezado por el Fundador y formado por catorce hombres y dos mujeres, y como legado material las ruinas de la Residencia DYA, que había sido totalmente destruida por los bombardeos aéreos y la artillería durante la guerra. El 21 de abril de 1939, Josemaría Escrivá, su hermano Santiago, el estudiante de Arquitectura Miguel Fisac y el doctor Juan Jiménez Vargas, inspeccionaron las ruinas de DYA, y solamente encontraron unos cuantos papeles y objetos entre los escombros.


Pocas cosas quedaban que pudieran ser de utilidad, ya que el mobiliario había sido robado o bien estaba destrozado. Entre los restos recuperaron un pergamino con una inscripción del Evangelio de San Juan con el texto del Mandatum novum de la caridad, que había decorado una pared de la sala de estudio. Fisac, que atesoraba genio de artista, hizo una fotografía en una de las habitaciones en ruinas, en la que aparecían el fundador y los otros dos acompañantes al fondo de la estancia junto a una puerta; el suelo no se veía por los escombros y una de las paredes presentaba muchos desperfectos; solo mantenía buen aspecto el techo.


Y allí mismo, de pie sobre los escombros de la Residencia en ruinas, dirigió la meditación a quienes le acompañaban. Habló de vida interior, unidad con la cabeza y de unos con otros, de trabajo serio y responsable y de entrega personal sin condiciones: Tendremos medios y no habrá obstáculo si cada uno hace de sí, a Dios y a la Obra, un perfecto, real, operativo y eficaz entregamiento.


Asombrosamente a san Josemaría no se le ve preocupado por lo material. A pesar de que habían perdido todos los ahorros y donaciones heroicamente conseguidos años atrás. El Fundador sigue dando importancia a los temas que se refieren al espíritu, y escasa, en cambio, a las dificultades materiales por insolubles que parezcan. Les pide, desde el primer día, que estén unidos en el amor de Jesucristo; que pongan esa bendita fraternidad por encima de todo interés personal, de toda cuestión opinable; se comparte cuanto afecta a la vida y opción de cada uno, pero con el infinito respeto y libertad que han aprendido del Fundador.


Para recordarles siempre este precepto, hizo poner ya en el primer local de la Residencia DYA de la calle Luchana un cartel de pergamino donde el Padre ha hecho escribir la frase evangélica: “Mandatum novum do vobis”: Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis amor unos para con otros. Como si el Señor quisiera reafirmar así en el Opus Dei esta característica primordial del cristianismo: la fraternidad. “Que os queráis, que os ayudéis”.


Fragmento de "Escondidos" de José Luis González Gullón.

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