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Día 25 - La locura de amor de Dios

¡Jueves Santo! Jesús estaba a punto de morir en la Cruz por nosotros y quiso celebrar la última cena. Hace el milagro más grande de todos: se queda en la Eucaristía. También hoy se queda y, aunque quizá no puedas recibirle, es Él quien te hace #crecerxaadentro desde el Sagrario. Qué mejor día que hoy para querer tratarle cada día mejor.


El consejo de hoy es...

Cuando queremos mucho a alguien, desearíamos estar siempre con él. Seguro que en estos días de cuarentena habrás echado un poco en falta no poder ir a visitar a tus abuelos, a tus primos o a esa persona a la que quieres mucho. Le habrás llamado por teléfono o le habrás enviado algún whatsapp o algún video de broma..., pero tú sabes que no es lo mismo. No se pueden dar abrazos a distancia. Es que los hombres, ni siquiera en las películas, podemos estar al mismo tiempo en dos sitios diferentes. Pero lo que no podemos hacer nosotros lo puede hacer Jesús. Nos quiere tanto que el día antes de morir por nosotros en la Cruz hizo el mayor de sus milagros: se despide y se queda a la vez. Por eso instituyó la Eucaristía, para que cuando se completara la redención pudiera quedarse con nosotros en la Tierra, escondido en el Sagrario, y hacernos #crecerxaadentro todos los días de nuestra vida. Hoy es Jueves Santo, hoy pasaron todas estas cosas. Hoy, Jesús nos mostró que está “loco de amor” por nosotros y lo estará para siempre. Mira cómo te lo dice san Josemaría.

El más grande loco que ha habido y habrá es Él. ¿Cabe mayor locura que entregarse como Él se entrega, y a quienes se entrega? Porque locura hubiera sido quedarse hecho un Niño indefenso; pero, entonces, aun muchos malvados se enternecerían, sin atreverse a maltratarle. Le pareció poco: quiso anonadarse más y darse más. Y se hizo comida, se hizo Pan. —¡Divino Loco! ¿Cómo te tratan los hombres?... ¿Yo mismo?

Forja, n. 824.


Propósito del vigésimo quinto día

Antiguamente —se lo puedes preguntar a tu abuela o a tu bisabuela— en algunos sitios era costumbre que cuando una mujer daba a luz un hijo en casa, después de pasar una breve cuarentena para recuperarse, lo primero que hacía al salir era acercarse a la iglesia para saludar a Jesús. ¡Qué ganas tendrás ya de poder salir tú también de tu confinamiento! Pues el reto de hoy, que es Jueves Santo, es que le digas a Jesús, muchas veces y con todas las fuerzas que te dan esas ganas que llevas dentro, que procurarás ir a visitarle en la primera oportunidad que tengas de salir de casa. Y, si alguna vez cuando todavía podías ir a Misa todos los días, no supiste darte cuenta de que Él es el más grande loco, aprovecha hoy para decirle hoy que tú quieres quererle con la misma locura con que Él te quiere. Pídele que te haga #crecerxaadentro, para saber quererle con esa locura divina. Es una demostración de que tus comuniones espirituales son verdaderas. Y es una manera estupenda de vivir la #semanasantaencasa.


Evangelio según san Juan 13, 1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»

Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

Ya sabes que san Josemaría le escribía cartas a sus hijos en el Opus Dei desde la Legación de Honduras, donde estuvo confinado durante la guerra varios meses, sin poder salir. Al escribirles usaba un lenguaje “encriptado”, para que la censura no lo descubriera. Y así, aprovechaba y les hablaba de tener muchas ganas de recibir al Señor en la Eucaristía y de hablar con Jesús en la oración.

“No me dejéis nunca la comida”

En las cartas a sus hijos espirituales, Escrivá insistió en que el secreto de sus vidas radicaba en la oración —que, si veis a D. Manuel, os unáis en estos días a lo que yo le pido — y en la Eucaristía: ¿Tenéis buen apetito? No me dejéis nunca la comida, ni el ratito de charla con Papá—Manuel. Así, pase lo que pase en esta España guerrera, siempre estaremos fuertes y contentos». Convenía que aprovechasen la oportunidad que tenían entonces de comulgar con frecuencia: Espero que os conservaréis fuertes, como nosotros, que tenemos una salud estupenda, gracias a los atracones de pan.

A pesar de las dificultades, no podían adocenarse o contentarse con la espera: La guerra no solo no entorpece, sino que puede dar más intensidad a muchas empresas, si los que las dirigen no se duermen. Decía a sus hijos que debían ser responsables, manteniéndose sanos y fuertes, para que seáis donantes. Y, como siempre, el secreto para lograrlo se encontraba en Dios: Confianza. Gracias a D. Manuel, no podemos ¡nunca! dudar del éxito inmediato del negocio que lleva vuestra familia. Desde luego, que habrá inconvenientes: pero los hombres se crecen ante los obstáculos. ¡Hala, hala!: ¡D [Dios] y audacia! ¿no? Pues, a vivir, en todo momento, la seguridad del éxito.

Varias veces el fundador subrayó que no debían temer nada. Más todavía: y no perderéis vuestro tono, aunque me hagáis cualquier tontería; porque, entonces, se opera lo mismo que en el campo del labrador: se hace un hoyo, profundo y humilde (¡anda!), se echan en él los frutos podridos, las ramillas secas y las hojas caducas, y se entierran con la ayuda de algún compañero Mío. Y lo que era perjudicial contribuye eficazmente a una nueva fecundidad. Y habremos aprendido a sacar de las caídas, impulso: de la muerte, vida.

Así, don Josemaría planteaba una idea nuclear del mensaje de la Obra, como es la santificación de las actividades ordinarias y pequeñas: Podemos tener una vida fecunda sin actividades exteriores. Y a esta vida me dedico. Haceos niños, ya que no tenéis mis ochenta años (ni falta que os hacen), y así, al no poder echar hojas ni flores, emplead vuestra savia en las raíces.


Fragmento de "Escondidos" de José Luis González Gullón.

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