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Día 26 - Jesús necesita muchos cirineos

Han pasado 26 días desde que empezó nuestro confinamiento, más de tres semanas avanzando para #cercerxaadentro. Así hemos llegado al Viernes Santo. Hoy Jesús carga con la Cruz para redimirnos. ¿Qué menos que ayudarle a cargar con el madero?


El consejo de hoy es...

En circunstancias normales, seguramente en estos momentos estarías disfrutando con toda tu familia viendo los pasos de la Semana Santa, visitando los monumentos del Santísimo y rezando muy cerca del Señor. O a lo mejor estarías de viaje en alguna convivencia con tus amigos o amigas, pasándotelo estupendamente con Jesús y con ellos, haciendo tantos planes de esos que te ayudan a #crecerxaadentro durante la Semana Santa. También es posible que… ¿De verdad importa tanto lo que querríamos haber hecho y no podemos hacer? Piensa en el ejemplo que nos ha dejado Jesús en la Cruz. También a Él le costó beber el cáliz, pero lo hizo, por amor a ti, por amor a la humanidad entera y porque quería cumplir con la Voluntad de Dios Padre. Ahora nos toca vivir la #semanasantaencasa y es ahí donde el Señor espera que la vivamos con intensidad. Es esta la pequeña cruz que Jesús te pide que cargues ahora, esa que te hará #crecerxaadentro de verdad. En el camino al Calvario Jesús se encontró con un buen hombre, Simón de Cirene, que le ayudó a cargar con el madero. ¿No has soñado alguna vez con ser tú quién le ayudaba? Pues esta es tu oportunidad. Fíjate lo que te dice san Josemaría sobre ese gran deseo:

No es tarde, ni todo está perdido... Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas burlonas e incrédulas... Has llegado en un buen momento para cargar con la Cruz: la Redención se está haciendo —¡ahora!—, y Jesús necesita muchos cirineos.

Via Crucis, 5 estación, n.2.


Propósito del vigésimo sexto día

Es muy bueno que te metas en las escenas de la vida del Señor y más en un día como hoy. Observarás el dolor de Jesús en su Pasión y su muerte. Quizá te duelan los azotes del Señor en la flagelación. Imaginarte los clavos y la corona de espinas te recordarán cuánto te ha amado Cristo. Y cuando caiga camino del Calvario, serás tú el que tenga ganas de echarle una mano. Sobre todo, si estás así de cerca de Jesús, podrás darte cuenta que esos azotes van por nuestros pecados, por ti. Y lo más bonito es que ese dolor del Señor es nuestra salvación. Un dolor que, además, nos muestra que nuestros dolores tienen un sentido: podemos unirnos a la redención del Señor uniendo nuestros dolores al suyo. Por eso, el reto de hoy es que le ofrezcas al Señor todos los pequeños o grandes inconvenientes que trae consigo esta larga cuarentena. Ahora que estamos en Semana Santa, que te hubiese gustado vivir según tus planes, ofrécele vivirla como Dios nuestro Padre nos lo pide ahora, con tu #semanasantaencasa.

Evangelio según san Juan (18,1–19,42)

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

C. Luego, dijo al discípulo:

+ «Ahí tienes a tu madre.»

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+ «Tengo sed.»

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+ «Está cumplido.»

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

Hoy hacemos una excepción a las lecturas sobre el confinamiento de san Josemaría y los primeros del Opus Dei durante la Guerra Civil y recogemos un fragmento del mensaje del Prelado del Opus Dei, el Padre, para este Viernes Santo.

Cristo, espejo de nuestra fragilidad

El Señor, al morir en la cruz me salva, y también da sentido a mis dolores. Y no sólo nuestros dolores, también nuestras debilidades. Cruz y paraíso. De instrumento de tortura, de violencia y de desprecio, la Cruz se transforma en medio de salvación, en símbolo de esperanza; se ha convertido en manifestación del amor infinito y misericordioso de Dios. San Josemaría explica que en el camino hacia la Cruz vemos cómo Cristo "se entrega a la muerte con la plena libertad del Amor". Mirar al Crucificado es contemplar nuestra esperanza.

Nosotros también podemos contemplarlo, tomando un crucifijo en nuestras manos para, simplemente, mirar al Señor. El Papa Francisco nos ha invitado a “dejarse mirar por él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura»”.

¡Cuánta esperanza nos puede dar en estos momentos mirar el Crucifijo! Puede ser el mismo Crucifijo que tenemos en nuestra habitación o en otro lugar de la casa. Detenerse en silencio, mostrarle nuestras heridas interiores, nuestros cansancios, nuestras preocupaciones y ponerlas en sus manos.

Así experimentaremos el poder transformador del Amor de Dios, que en la Cruz abraza lo débil y lo llena de esperanza. Y nos convertiremos también nosotros en signo concreto del amor de Dios: en nuestras familias, en nuestras amistades, en todos los ambientes en que nos movamos… En cada uno de esos “lugares” podemos ser signo concreto de esperanza, si nos unimos a Jesús en la Cruz y abrimos con Él nuestros brazos a los demás.

Agradezcamos de modo especial, en el Viernes Santo, la misericordia divina que nos llega en el sacramento de la Penitencia. Precisamente en este periodo de más oración y penitencia, que es la cuaresma y la Semana Santa, muchas personas en todo el mundo no puedan acercarse a la Confesión.

En esta circunstancia tan peculiar, el Papa nos aconsejaba, hace unos días, a poner por obra lo que dice Catecismo de la Iglesia Católica sobre los actos de contrición: "Si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: ‘Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname’, y pídele perdón de todo corazón, con el acto de dolor y prométele: 'Me confesaré después, pero perdóname ahora'".


El Viernes Santo, la Iglesia dirige su atención hacia el Lignum Crucis, el árbol de la Cruz. En la liturgia rezamos:

«Adoramos tu Cruz, Señor, y alabamos y glorificamos tu santa Resurrección. Por el madero ha venido la alegría al mundo».

La Cruz irradia esperanza al mundo entero. Ahí vemos al Señor con sus brazos abiertos, dispuesto a acoger y curar nuestras debilidades. Y ahí vemos también a la Virgen María.


Fragmento del mensaje de Mons. Fernando Ocáriz, Prelado del Opus Dei, para el Viernes Santo.

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