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Día 29 - Sé optimista

Actualizado: abr 13

Según informan las autoridades, todo apunta a que tendremos que esperar todavía alguna semana más antes de “reincorporarnos” totalmente a la vida normal. La buena noticia es que Jesús todavía se sirve de esta situación para hacernos #crecerxaadentro. Si le dejamos, claro…



El consejo de hoy es...

Llevamos ya varias semanas de confinamiento, ¡y parece que fue ayer cuando empezamos la cuarentena! Además, vuelven hoy las clases, los deberes, el teletrabajo... Es probable que ya te hayas acostumbrado un poco al nuevo ritmo que la vida nos impone. Aunque es lógico que también te cueste: “¡llevamos ya tanto tiempo encerrados! ¡Qué cosa más pesada!” Es muy bueno que le cuentes estas cosas a Jesús en la oración. El Señor mismo nos invita a descargar estos asuntos en nuestro Padre Dios al hablar con Él. Piensa que la alegría de la Resurrección se vive en la realidad de tu día a día, también cuando estás cansada o cansado. Y si te ha desanimando un poco saber que el confinamiento va a durar un poco más de lo previsto, sin poder volver al reencuentro con los amigos, a los planes que te gustan, a tus aficiones y demás, quizá este consejo de san Josemaría te sirva especialmente hoy lunes cuando hagas tu oración.

El desaliento es enemigo de tu perseverancia. —Si no luchas contra el desaliento, llegarás al pesimismo, primero, y a la tibieza, después. —Sé optimista.

Camino, n. 988.


Propósito del vigésimo noveno día

A veces las contradicciones nos parecen demasiado injustas para que nos toquen a nosotros. Es más, hay ocasiones en que nos parece que lo más justo es que nos quejemos, luego nos desinflamos y… No te preocupes. A muchos santos les han pasado cosas así en su vida. Pero también fueron ellos los que supieron recuperarse pronto y animar a los demás. Por eso, ¡sé optimista! Ahora más que nunca Jesús espera que con nuestro #crecerxaadentro alentemos a otros, que los sostengamos con nuestra oración, con una sonrisa, con nuestro trabajo bien hecho. La alegría de la Pascua nos da un nuevo impulso, que podrás llevar a los demás. Por eso, si sabes de algún familiar o amigo que pueda estar un poco más cansado o desilusionado hoy lunes, puede ser un propósito que hacerle una videollamada para animarle un poco: sé optimista y ayúdale a serlo (en la lectura podrás ver el ejemplo de san Josemaría).

Evangelio según san Mateo 28,8-15

Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.


De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:


«Alegraos».


Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.


Jesús les dijo:


«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».


Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:


«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».


Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

San Josemaría se encontraba en Burgos en 1939, donde hubo de pasar más de un año esperando el final de la Guerra Civil. Desde allí, con unas ganas enormes de recomenzar la tarea apostólica procuraba animar y apoyar a los primeros de la Obra. Por eso, les escribió unas Cartas que circulaban por los frentes de guerra. De esto les hablaba en una de ellas, a pocos meses de poder volver a Madrid.

"El resumen de mi pensamiento: Optimismo"

Se cumplía justamente un año desde su llegada a Burgos cuando, con fecha 9 de enero de 1939, escribía otra Carta Circular a sus hijos, haciendo balance de su actuación y del fruto apostólico.

Pero, antes —les dice—, quiero anticiparos en una palabra el resumen de mi pensamiento, después de bien considerar las cosas en la presencia del Señor. Y esta palabra, que debe ser característica de vuestro ánimo para la recuperación de nuestras actividades ordinarias de apostolado, es Optimismo.

Es verdad que la revolución comunista destruyó nuestro hogar y aventó los medios materiales, que habíamos logrado al cabo de tantos esfuerzos.

Verdad es también que, en apariencia, ha sufrido nuestra empresa sobrenatural la paralización de estos años de guerra. Y que la guerra ha sido la ocasión de la pérdida de algunos de vuestros hermanos...

A todo esto, os digo: que —si no nos apartamos del camino— los medios materiales nunca serán un problema que no podamos resolver fácilmente, con nuestro propio esfuerzo: que esta Obra de Dios se mueve, vive, tiene actividades fecundas, como el trigo que se sembró germina bajo la tierra helada: y que, los que flaquearon, quizá estaban perdidos antes de estos sucesos nacionales.

Señala luego la buena acogida de la Obra por las autoridades eclesiásticas y los avances en el apostolado:

¿Qué ha hecho el Señor, qué hemos hecho con su ayuda, durante el año que ha transcurrido? Se ha mejorado la disciplina de todos vosotros, innegablemente. Se está en contacto con toda la gente de San Rafael, que responde de ordinario mejor de lo que podíamos esperar. Se han hecho amistades que han de servir, sin prisa, a su hora, para la formación de centros de S. Gabriel. Los Prelados acogen con cariño la labor nuestra que pueden conocer. Y mil cosas pequeñas: petición de libros, hojas mensuales, ornamentos y objetos para el Oratorio. Y más: mayores posibilidades de proselitismo; conocimiento del ambiente de ciertas poblaciones, que facilitará la labor de S. Gabriel; amistad —con algunos honda— con bastantes catedráticos, a quienes antes no se trataba.

Les declara a continuación los medios: ¿Medios? Vida interior: Él y nosotros; y cómo obtenerlos:

Tendremos medios y no habrá obstáculo, si cada uno hace de sí a Dios en la Obra un perfecto, real, operativo y eficaz entregamiento.

Hay entregamiento, cuando se viven las Normas; cuando fomentamos la piedad recia, la mortificación diaria, la penitencia; cuando procuramos no perder el hábito del trabajo profesional, del estudio; cuando tenemos hambre de conocer cada día mejor el espíritu de nuestro apostolado; cuando la discreción —ni misterio, ni secreteo— es compañera de nuestro trabajo... Y, sobre todo, cuando de continuo os sentís unidos, por una especial Comunión de los Santos, a todos los que forman vuestra familia sobrenatural.

Finalmente, les pide un recuerdo lleno de cariño para los que continúan en zona republicana:

Y me despido con palabras de San Pablo a los de Filipo, que parecen escritas para vosotros y para mí: “Doy gracias a Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre con gozo por todos vosotros, en todas mis oraciones, al ver la parte que tomáis en el Evangelio de Cristo desde el primer día hasta el presente, porque yo tengo una firme confianza, que quien ha empezado en vosotros la buena obra, la llevará a cabo...” (I, 3-6).


Extracto de “El Fundador del Opus Dei. Dios y Audacia”, de Andrés Vázquez de Prada.

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