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Día 36 - ¡Hasta las narices!

Empieza otra semana de confinamiento. Nos llegan noticias optimistas: los fallecidos son menos, los contagios bajan, los trabajadores vuelven a cuentagotas, se dice que los niños y adolescentes pronto podrán pisar el asfalto... Pero no nos engañemos: seguimos encerrados en casa y esto se hace demasiado largo. Razón de más, para no perder la oportunidad de seguir con nuestro #crecerxaadentro.

El consejo de hoy es...

Hasta las narices. Hasta la coronilla. Hasta el gorro. Sí, son expresiones que de hace siglos, por lo menos. Tradúcelo por un: “¡Estoy harto!” o un “Estoy rallado no, lo siguiente…” o cualquiera otra frase con la que expresarías esa misma idea. A estas alturas, tú lema quizás ya no sea #yomequedoencasa sino #yoquieroquedarmeenmitalla… Todo el día sentados, recorriendo pasillos en casa, tele-estudiando, tele-quedando con los amigos, tele-rezando. Es verdad que esto del confinamiento se hace largo, que todos tenemos ganas de que el coronavirus se acabe. Pero también es verdad que el lema que Jesús quiere estos días para nosotros es #crecerxaadentro. Sí, es para estar harta o harto, pero no, no vamos a caer en eso. Jesús mismo te hará salir de ese atasco si acudes a Él en la oración y se lo dices claramente, como te recomienda san Josemaría:

Yo sé de una jaculatoria que le decía un alma, un hombre recio y fuerte: parece una grosería, pero no lo es. Pues le decía durante el día entero: “¡Señor, estoy hasta las narices!" Y ése es un modo colosal de hablar con Dios.

En una tertulia el 31-X-1972


Propósito del trigésimo quinto día

¿Cómo hacer un propósito si estoy harto? Se puede, cuando contamos con el Señor, cuando dejamos que el #crecerxaadentro sea real. Hoy es el día del propósito para los fuertes. Para los fuertes con fortaleza prestada. No, es un reto para el fuerte que le ha “robado” la fortaleza a Dios. El fuerte que se sabe nada, barro, polvo de la tierra… y que también sabe que es un sueño, un tesoro, la gloria de su Padre del Cielo. Que cuenta con la ayuda de la gracia. Sonreír. Buen humor. “Si estoy todo el día con la mascarilla”: no pasa nada: el confinamiento ha sacado lo mejor de nosotros mismos: ahora ya sabes sonreír con los ojos, ahora ya sabes abrazar con la mirada…. ¡y no es poco! Por eso, hoy el propósito es no perder la sonrisa en casa, ni el buen humor cuando pienses que la gota colma el vaso… aunque estés harta o harto, pero sepas decírselo a Jesús en tu oración y muchas veces a lo largo del día.

Evangelio según san Juan 3, 1-8

El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:


«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».


Jesús le contestó:


«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».


Nicodemo le pregunta:


«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».



Jesús le contestó:


«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

La Guerra Civil seguía su curso. Empezaba el año 1939 y san Josemaría, aunque se encontraba ya en la zona libre de la persecución religiosa, tuvo que esperar durante largo tiempo en la ciudad de Burgos, metrópoli por la que siempre sintió agradecimiento y gran admiración, especialmente a su catedral. Pero deseaba poder volver cuanto antes a la capital de España, que el conflicto armado acabase y que se pudiese retomar la labor apostólica. Cuando el final de la contienda ya se intuía en el horizonte, las ganas de reemprender el trabajo por el Señor despertaron alguna que otra queja cariñosa en el ánimo de san Josemaría.

¡Qué harto estoy de Burgos!

Si la decisión de salir de Madrid en 1937 le costó sangre, y no podía evitar que le siguiera dando vuelcos el corazón, ¿qué no sentiría al avecinarse el regreso? Le comía la impaciencia. Se le adelantaban la imaginación y el deseo. Y hasta se le escapaba algún que otro: ¡Qué harto estoy de Burgos!.


Esto se acaba, repetía esperanzado, de tiempo atrás. Porque Madrid se había convertido para él en una atrayente obsesión, en la puerta de entrada al futuro prometido: ¡Madrid!: incógnita, que miro con optimismo, porque todo lo mueve mi Padre-Dios. Fiat. Aun viviendo esta certeza, sospechaba que allí, en la capital, se iba a encontrar con un verdadero desastre, humanamente hablando.


Doña Dolores, como todo el mundo, estaba ya harta de la guerra. Así lo daba a entender Isidoro en la primavera de 1938: la abuela «está un poco disgustada y nerviosa con la tardanza del abuelo en venir». ¿Qué no sentiría ahora? Pero don Josemaría, en ese duro período de separación, estuvo siempre unido a los suyos y los tenía a todos presentes a diario en su misa y oraciones. Es más, previendo la instalación de una nueva residencia en Madrid, escribía a Paco Botella:


Pienso en todos: en los de la zona roja, de modo especialísimo. Cuando escribas a los demás —a todos— di que pidan al Señor que nos conserve a la abuela: veo, con luz meridiana, que la necesitamos.


Y con la misma fecha de esta carta —13 de febrero, víspera del aniversario de la fundación de mujeres— hacía llegar desde Vitoria el latido de su corazón a todos sus hijos:


Para Álvaro y Vicente. 13 de febrero — 1939.


Jesús bendiga y me guarde a mis hijos.


¡Criotes! Hoy, vísperas de uno de los días de acción de gracias —quizá pase inadvertido, para casi todos—, me acuerdo de cada uno con más intenso pensar y querer: siento en mis entrañas ansias de pediros perdón, por los malos ejemplos que he podido daros y las flaquezas y miserias de este abuelo, que os hayan podido escandalizar. Pasaré la noche entera junto al Señor, en la capilla de Palacio, y... no queráis saber las locuras que nos vamos a decir y lo que he de murmurar de todos vosotros.


¡Vicentín!: pide por tu Padre.


Saxum!: confío en la fortaleza de mi roca.


Os bendice


Mariano.


Las locuras que nos vamos a decir... Nunca mejor descrita su avidez de enamorado en conversación con el Señor: de tú a Tú, como explica a Ricardo en carta de la misma fecha:


¡Jesús te me guarde!


Tengo necesidad de escribiros a todos, hoy, vísperas de un día de acción de gracias... ¿Quién se acordará? Pasaré la noche entera junto al Señor, en la capilla de este Palacio Episcopal, ya que ha sido tan bueno Él, que... se me ha puesto a tiro. ¡Ojalá le en el Corazón!


Con esa fecha concluía también la campaña de Cataluña. El presidente de la República, Manuel Azaña, y la mayor parte de las autoridades civiles, habían abandonado España poco antes. El ejército republicano de Cataluña había repasado la frontera y estaba internado en los campos franceses de refugiados. Comenzaban los tanteos oficiales para la rendición.

Fragmento de "El Fundador del Opus Dei. Dios y Audacia" de Andrés Vázquez de Prada.

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