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Día 39 - Como la primera vez

“Nunca tendrás una segunda primera oportunidad” reza el conocido refrán. Tampoco para recibir al Señor en la Eucaristía se nos da esta posibilidad. Pero, ¿acaso no podemos, al menos, querer comulgar siempre como la primera vez? Incluso más: que sea mucho que mejor que mil primeras veces. Ojalá dejes que ese deseo crezca en tu corazón y verás qué ganas de #crecerxaadentro, para recibirle como nunca antes habías soñado.

El consejo de hoy es...

Hoy es la fiesta de san Jorge y es también el aniversario de la Primera Comunión de san Josemaría (lo podrás leer en la lectura). Él siempre lo recordó y celebró cada año como uno de los días más importantes de su vida. Quizá tú no habías pensado antes que la fecha en que recibiste por primera vez a Jesús Eucaristía fuese tan importante. O a lo mejor sí. En cualquier caso, seguramente conserves algún que otro recuerdo de esa jornada: los preparativos, la Misa, los invitados, la fiesta… la Comunión. Piensa ahora en todos esos niños y niñas que se estaban preparando para recibir al Señor en estas fechas y no podrán hacerlo por culpa del confinamiento. Cuánta ilusión tendrían y qué decepción se habrán llevado. ¿No te ayuda a querer recibirle mejor en cuanto sea posible? ¿No te gustaría volver a tener una Primera Comunión? Deja que ese deseo crezca en ti y hazlo de la mano de esta jaculatoria clásica que rezaba san Josemaría:

“Sicut prima, sicut ultima, sicut unica” — Como la primera, como la última, como la única

Jaculatoria que rezaba san Josemaría


Propósito del trigésimo noveno día

Así hemos de desear recibir al Señor todos los días. Como si fuera la primera vez, con esa ilusión de niño pequeño que se prepara todo el año para recibir a Dios. Como si fuera la última vez… Quizá esto lo entiendas mucho mejor ahora. ¿Cuánto hace que no puedes ir a Misa y comulgar? Tantos días viviendo del recuerdo de aquella última Comunión. Y quizá no pensaste que sería la última ese día. De haberlo sabido, seguro que te habrías querido preparar mejor. Son estos deseos los que hacen que la Misa sea única. Son estos deseos los que te harán recibirle con todo el corazón súper bien dispuesto la próxima vez que puedas ir a recibirle. Díselo hoy muchas veces al día: “Señor, yo quisiera recibirte como la primera, como la última, ¡como la única!” Verás cómo te hace #crecerxaadentro ese amor sincero a Jesús y qué gozo enorme el día que por fin puedas recibirle.

Evangelio según san Juan 3, 31-36

El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

San Josemaría solía decir que los días de fiesta siempre venían acompañados con la señal de la Cruz, porque el Señor le otorgaba alguna que otra contradicción para ofrecer ese día. Esta experiencia la tuvo ya el día de su Primera Comunión, pues también ese día hubo de sufrir un pequeño percance, que supo ofrecer al Señor y que le sirvió para entender, años después y como él mismo decía, que tener la Cruz es tener a Cristo.

Quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”

En España no solían hacer los niños la Primera Comunión hasta haber cumplido los doce o trece años, costumbre seguida también en otros muchos países. Fue en virtud de un decreto de san Pío X, en 1910, cuando se rebajó esa edad al momento en que se alcanzase el uso de razón, alrededor de los siete años. La fecha de la disposición coincidía con los preparativos para el Congreso Eucarístico Internacional que iba a celebrarse en Madrid en junio de 1911. Por ello se hizo en todas las parroquias de España una intensa labor catequética, con la idea de que se acercasen a recibir la Sagrada Eucaristía el mayor número posible de niños.

Un religioso escolapio, el padre Manuel Laborda de la Virgen del Carmen —el “padre Manolé”, como le llamaban con afectuosa jovialidad los alumnos—, se ocupó de preparar a Josemaría. Y, en tanto llegara el tan esperado día de la Primera Comunión, le enseñó al niño una oración que mantenía vivo su deseo: —«Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos». Oración que, desde entonces, recitó con mucha frecuencia.

La víspera del día señalado se llamó al peluquero para que le arreglase el peinado; pero al ir a cogerle un mechón de pelo con las tenacillas ardiendo, para hacerle un bucle, le produjo una que­madura en la cabeza. Aguantó el niño sin quejarse, para evitar una regañina al peluquero y no causar un disgusto. Más adelante terminaría descubriendo su madre la cicatriz de la quemadura. Y desde entonces, en los días de fiesta, el Señor anunciaría su presencia a Josemaría con el dulce criterio del dolor o de la contradicción, como una caricia.

Hizo la Primera Comunión el 23 de abril de 1912, justamente a los diez años de haber sido confirmado. Era la fiesta de san Jorge, patrono de Aragón y Cataluña, y día tradicional para la ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia del colegio de los Escolapios. En el momento de recibir la Sagrada Comunión pidió por sus padres y hermanas, suplicando a Jesús que le concediese la gracia de no perderlo nunca.

Siempre recordó con fervoroso candor los aniversarios de esa fecha, en que el Señor, como decía: quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón.


Fragmento de "El Fundador del Opus Dei. Señor, ¡que vea!" de Andrés Vázquez de Prada.

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