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Día 40 - Te pones a no hacer nada y es un no parar

Cada día de la semana tiene muchas horas cada semana tiene muchos días. Es mucho tiempo para hacer muchas cosas. La conocida fórmula del 24/7. Si el horario de tu día consiste en levantarte, alguna oración, hacer deberes, ayudar en casa y luego… ¿qué más? La Play, series, alguna llamadita y más pantallas... es que ha llegado el momento, después de 40 días confinados, de darse cuenta de que las buenas aficiones ayudan a #crecerxaadentro más rápido.

El consejo de hoy es...

Ayer fue el día del libro. ¿Cuánto hace que no lees un buen libro? Si 40 días encerrado en casa no te han hecho mejor lector es que ha llegado el momento. O quizá lo tuyo sea aprender a tocar por fin esa guitarra que te presta tu hermana. Mejor aún: qué tal aprender un idioma que quizá nunca hablarás del todo, pero que al menos te enciende las neuronas. Las buenas aficiones, como la lectura, los hobbies o los juegos creativos, nos ayudan a mejorar intelectual y espiritualmente. Sí, también el alma mejora. Dios es el Creador del universo. Nosotros, que tenemos esa chispa divina que se llama inteligencia, podemos ser muy creativos, parecernos a nuestro Padre Dios cada vez que trabajamos. ¿Cuántos retos has recibido en estas semanas? Y ¿cuántos de esos has cumplido realmente? Quizá este pueda ser el reto de apuntarte a un reto de verdad, algo que le aporte en serio a tu vida, porque ahora sí que hay tiempo de sobra. Es viernes y está claro que “hay que desconectar”. Pero si desconectas sin más, es muy probable que acabes enfangado en un no hacer nada hasta no parar, o quizá hasta cosas peores, porque la modorra llama a las malas pasiones. Mira lo que aconseja san Josemaría a los que como nosotros estamos decididos a seguir a Cristo:

"Todos los pecados —me has dicho— parece que están esperando el primer rato de ocio". ¡El ocio mismo ya debe ser un pecado!
—El que se entrega a trabajar por Cristo no ha de tener un momento libre, porque el descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo.

Camino, n. 357


Propósito del cuadragésimo día

Ese ocio que tanto cansa y nos llena de vacío: seguro lo conoces. Ha llegado la hora de despedirse de él para siempre. Hoy puede ser el día en que te decidas a poner orden y llenar las horas de las ocupaciones que enriquecen: lecturas, instrumentos, idiomas, cursos de cocina en YouTube, papiroflexia… ¡Miles de cosas! Puede ser que por fin haya llegado el momento para que desarrolles una capacidad que quizá ni sabías tenías, y la excusa del tiempo que nunca encontrabas te hacía perder la ocasión para desarrollarla. Muchos santos han pasado por la experiencia de aprovechar el tiempo de un modo nuevo gracias a situaciones como la nuestra (en la lectura podrás ver el ejemplo del beato Álvaro) y han salido más crecidos, porque aprovechar los talentos que Jesús nos ha dado también es #crecerxaadentro. Por eso, el propósito de hoy viernes —día de desconexión por excelencia— es que procures enganchar con alguna buena afición que te ayude a desarrollar ese talento oculto. Es posible que el Señor estuviera esperando este momento de confinamiento para demostrarte que eres mucho más capaz de lo que pensabas.

Evangelio según san Juan 6, 5-13

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, dijo a Felipe:


- ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos? Lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer.


Felipe respondió:


- Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco.


Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:


- Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: pero ¿qué es esto para tantos?


Jesús dijo:


- Haced sentar a la gente. En aquel lugar había mucha hierba.


Se sentaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Jesús tomó los panes y, habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio de los peces cuanto quisieron.


Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:


- Recoged los trozos que han sobrado para que nada se pierda.


Entonces los recogieron y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

Escucha aquí el audio de los 10 minutos con Jesús

Para la lectura

El beato Álvaro también se encontraba confinado en la Legación de Honduras con san Josemaría. Por otras lecturas sabrás que tenían un horario claro y bien aprovechado. Y aún con eso se buscaban la vida para no "matar el tiempo". En concreto, don Álvaro sacó tiempo para cultivar sus propios "hobbies" dentro de los muchos límites que planteaba la situación en que vivían.

Aprender japonés pensando en las almas

Álvaro demostró gran equilibrio y espíritu sobrenatural en aquellas circunstancias, prodigándose, entre otras cosas, en actos de servicio y de atención a los demás y de olvido de sí mismo. Afrontó el hambre y el frío con verdadera elegancia y sincera alegría. Se conformaba con lo poco de que disponían, sin quejarse ante la escasez. También se ofreció al cónsul para ayudarle a llevar la contabilidad de la Legación. El aprecio de la familia Matheu hacia Álvaro fue muy grande y, cuando el Fundador del Opus Dei se fue al Cielo, le regalaron una copa de oro que en algunas ocasiones había servido de cáliz a san Josemaría durante los meses que permaneció escondido en aquel lugar.

En aquel encerramiento obligado, se esforzaban por aprovechar el tiempo al máximo, como si se encontraran en circunstancias normales. Siguiendo un consejo del Fundador, Álvaro trató de aprender japonés, porque acariciaba el sueño de llevar un día la luz del Evangelio y del espíritu del Opus Dei al país del sol naciente.

También estudió alemán, y llegó a aprenderse de memoria todos los vocablos de un diccionario alemán-español: «Yo leía el alemán con la misma velocidad que el castellano. Cuando había una palabra que no sabía, era inútil que la fuese a buscar en el diccionario, porque allí no estaba. En aquel diccionario había más de 30.000 palabras. O sea, que yo sabía más de 30.000 palabras. Y esto, porque me impulsó nuestro Padre. Si no, no lo hubiese hecho».

Aquel empeño por aprender idiomas era un acto de fe sin fundamento aparente, si se considera que les resultaba imposible incluso moverse con libertad en la propia ciudad. Se conservan quince cartas escritas por Álvaro en estos meses, rebosantes de buen humor, que son también un indudable testimonio de su crecimiento interior. Así, a finales de mayo, dirigiéndose a las personas del Opus Dei que se encontraban en Valencia, comenta la necesidad de mantenerse muy unidos entre ellos y al Fundador para cumplir eficazmente la voluntad de Dios.

En junio, envía a Isidoro Zorzano unas líneas llenas de sentido sobrenatural, de rectitud de intención y de abandono en la providencia divina ante la posibilidad de abandonar la Legación. También en junio, escribe una larga carta, nuevamente a los de Valencia, en la que resalta su afán de ayudar a todos a ser fieles, la necesidad de vivir la comunión de los santos y de cuidar las cosas pequeñas. La carta deja ver, además, un gran afán de almas.


Fragmento de "Un hombre fiel" de Javier Medina.

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