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Para rezar el Día 2

Si ayer aprovechaste para hablar con Jesús de la marcha de este primer día atípico, quizá hoy puedas prestar atención a sus palabras, las del Evangelio, que nos hablan de saber perdonar y así #crecerxaadentro.

Además del Evangelio, te ofrecemos el enlace al audio “Perdóname” significa “te quiero” de 10 minutos con Jesús, y un breve extracto de la biografía de san Josemaría. En circunstancias parecidas a las nuestras también supo y enseñó a perdonar: es más, aprendió y ayudó a otros a hacer la vida más agradable a los demás.

Evangelio según san Mateo 18, 21-35

Si cada cual no perdona a su hermano, tampoco el Padre os perdonará.

«Entonces, se acercó Pedro a preguntarle:


—Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete?


Jesús le respondió:


—No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos viene a ser como un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que así pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies y le suplicaba: «Ten paciencia conmigo y te pagaré todo». El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: «Págame lo que me debes». Su compañero, se echó a sus pies y se puso a rogarle: «Ten paciencia conmigo y te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?» Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.”



Escucha aquí el audio de "10 minutos con Jesús"

"Perdóname" significa "te quiero"


Para hacer la lectura te ofrecemos un breve extracto de la biografía "El Fundador del Opus Dei"

Callar, perdonar y hacer la vida agradable a los demás

Mientras se encontraban refugiados a escondidas en la Legación de Honduras, san Josemaría y los que le acompañaban tuvieron que convivir con la incertidumbre de las noticias que llegaban sobre la marcha de la contienda —también con las fake news del momento—, con el ambiente difícil de convivencia que supone estar encerrados tanto tiempo juntos, con el aprender a no quejarse, perdonarse y tener otros temas de conversación. Este fragmento de su biografía puede inspirarte para el día de hoy.

* * *

Entre los innumerables datos y noticias de la copiosa correspondencia del Fundador desde el Consulado hay un hecho particularmente curioso. Algo que llama a veces la atención por su misma ausencia. Algo que era previsible hallar en sus cartas y que el lector, sin embargo, no encuentra. Y consiste en que, por más que se busque entre sus escritos, no aparecen referencias ni comentarios a temas políticos. No se alude a gobiernos, ni a zonas, ni a frentes de combate. Tampoco se mencionan ciudades liberadas u ocupadas, amigos o enemigos, víctimas o culpables. Estos silencios no son por causa de la censura sino por razones de carácter sobrenatural, como queda reflejado en los relatos de quienes compartían el asilo consular.


Mientras las conversaciones de los refugiados reincidían en el hambre o en la marcha de la guerra, don Josemaría evitaba hablar de la contienda fratricida que desgarraba a la nación. Los suyos no vibraban con ánimo belicoso. Delante de él no se comentaban las operaciones militares, ni los crímenes a retaguardia. Se olvidaba y se perdonaba.


La presencia bienhechora del sacerdote esparcía serenidad. Su conversación, consoladora y sobrenatural, dejaba en los espíritus huella de dulzura. Hasta el extremo de que se consideraba un regalo del cielo lo que, a ojos humanos, era una maldita consecuencia de la guerra. «¡Ojalá, pensábamos a veces, que aquello durase siempre! —refiere uno de los que estaban al lado del Padre—. Porque, ¿habíamos conocido antes algo mejor que la luz y el calor de aquel rincón? Ésta era la reacción, tan absurda en aquellas circunstancias como lógica según nuestro modo de ver las cosas, a que nos llevaban la paz y la felicidad que gustábamos día a día».


No se retraía el Fundador, si era necesario, de tocar el tema de la guerra —a la que siempre calificó de catástrofe— pero, con espíritu sacerdotal, abría los brazos a las almas de una y otra zona, de uno y otro bando. En la oración del sacerdote al celebrar el Santo Sacrificio estaba presente el océano de sufrimientos de aquella contienda: en los frentes, en las cárceles, en los hospitales, en los hogares, en los refugios.


La postura de don Josemaría no era de frío desapego. Obedecía a una exquisita caridad, dominada por una visión más alta, sobrenatural, de lo que estaba sucediendo en el mundo: «continuamente preocupado —dice el yerno del Cónsul— por lo que estaba pasando, aunque al mismo tiempo, estaba muy por encima de las circunstancias [...]. Nunca se pronunció con odio ni con rencor enjuiciando a nadie; por el contrario, solía decir: Esto es una barbaridad: una tragedia. Le dolía lo que estaba sucediendo, pero no en un sentido meramente humano. Y cuando los demás celebrábamos victorias, don Josemaría permanecía callado».


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